EL TRISTE AYER DE MÉXICO

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Por Ernesto Parga Limón

Hoy, afortunadamente, estas formas de hacer política son ya un mal chiste, una expresión de la locura del pasado. Qué bueno que existen los libros que nos recuerdan que efectivamente eso sucedió, sin ellos y sin las grabaciones magnetofónicas estaríamos renuentes a creer que se hayan alcanzado tales niveles de desvergüenza y de cinismo en el quehacer de la administración de la cosa pública. Aun hoy, pasados los siglos, nos preguntamos, cómo es que la gente lo soportó.

Este artículo puede servir, además de ser para nosotros un recordatorio de lo que ya nunca queremos vivir, para que los países en el norte de América y en Europa que hoy sufren de lo que ya es historia acá, tengan esperanza en que las cosas pueden ser de otro modo.

En la clase de hoy, junio 6 del 2321, con mis alumnos de historia, repasamos lo sucedido en los albores del siglo 21 en nuestro México. Episodios que debemos conocer para nunca repetir. Me fue muy difícil mantener el orden pues aquello que leían les parecía imposible y lo comentaban entre sorprendidos y enojados.

Leíamos que hubo, al mismo tiempo, 10 partidos políticos y que estos eran financiados con el dinero de los contribuyentes y que algunos de ellos estaban hechos para venderse al mejor postor, que bajo la bandera de alguna causa “verde” o de “valores” conseguían engañar a los electores para después vender sus escasos diputados al partido que los necesitara.

El estudio de este periodo de la historia es apasionante porque devela y nos recuerda la abyección y la bajeza a la que el hombre es capaz de descender y de mancharse a cambio de poder político. El hombre y la mujer para hablar con lenguaje de la época, ya que imperaba una jerigonza ridícula llamada lenguaje inclusivo, (todas, todos y todes, por ejemplo, imagínense) otra cosa del pasado, muerta y enterrada; a Dios gracias.

Hubo algunos personajes de la escena política de ese tiempo que cambiaban de partidos sin importar que las causas y los estatutos fueran contrarios, Creo recordar que les llamaban chapulines o algo semejante.

Juan, mi alumno más adelantado, me comentó que existía una actividad política que ahora resulta incomprensible, a la que llamaban debates, y que se anunciaban pomposamente como “instrumento de la democracia para que el pueblo se informe bien acerca de sus opciones”. Los debates, explicó Juan a la clase, eran en realidad oportunidades para que todos los participantes pudieran descalificar a sus adversarios con una tonelada de lodo, con mentiras o con acusaciones que no probaban, un espectáculo deplorable y mezquino. Las acusaciones de ida y vuelta dejaban en el ánimo de los espectadores la certeza de que todos eran delincuentes tramposos y que en definitiva no se podía confiar en ninguno.

Se cuenta que los candidatos se escogían, por los partidos políticos, entre gente de la farándula, del deporte, pastores de iglesias, youtubers e influencer; términos, estos últimos, que no alcanzo a

entender ya que no hay en la actualidad nada parecido. Muchos de ellos casi analfabetos e inexpertos por decir lo menos.

En nuestro libro de estudio hay un largo capítulo dedicado a los presidentes de México, menciona uno de nombre Chente Zorro, que pasó de ser una esperanza justiciera, a tener una presidencia sin pena ni gloria. Otro llamado Quique Piedra Abuelo, es aún recordado entre la clase política como alguien de torpeza comunicativa sin parangón. Este se pensó salvador de la patria y acabó en medio de escándalos por la casa de su esposa (una de esas de la farándula), haciendo un pacto de impunidad para permitir el arribo de otro llamado Pez Hacedor… a quien muchos apodaban, no sé por qué, el Cuatrote.

De este ultimo se sabe, por los millones de horas grabadas en cintas de video, que daba conferencias diarias, en donde paleros, que no periodistas, le hacían preguntas a modo.

Hacedor, pontificaba desde esa tribuna moral, denostaba a sus enemigos, reescribía la historia, la tomaba contra el árbitro electoral que en esa época se llamaba INE y que corresponde a lo que hoy llamamos IFE (Instituto Fidedigno Electoral) desde allí perfilaba su intentona de permanecer en el poder más allá de las prohibiciones legales.

¿Y lo logró?, preguntó Carmen anhelante. ¿O Hubo oposición capaz de detenerlo?, ¿Hubo líderes de altura moral, demócratas verdaderos o todos se comportaban igual que aquello que decían combatir? Con cierta pena tuve que afirmar que esa parte de la historia aun no la tenía estudiada.

¿Pero cómo se llegó a ese estado de cosas?, alzó la voz María, llena de fastidio en el alma por todo lo que tristemente fue México. ¿Por qué se dejó a los políticos actuar de esa manera, dividir al pueblo, enfrentarlo, robarlo, mentirle y traicionarlo?

Para aliviar un poco la pesadumbre que como una nube sofocaba el ambiente en el salón, dije a mis alumnos:

Por fortuna, recuerden, eso es ya historia; aprendimos la lección y corregimos el rumbo, ahora tenemos un país con gobiernos que unen, que rinden cuentas, y que nos respetan como ciudadanos.

Es esa la forma en que deben ser las cosas, concluí, también agobiado por la tristeza de aquello que fuimos.