Hay que parecer

Alejandro de Anda

CLAROSCURO

LO CLARO. No sólo es oportuno y conducente el recibir información académica que forme el criterio profesional al estudiante universitario, proveniente de cada rama humanística que le es conferida.

Es de vital importancia que toda esa información se conjugue y lleven un fin común en el aprendizaje del futuro profesional.

Así lo interpreta la Máxima casa de Estudio, la Universidad Autónoma de Tamaulipas en el arranque del ciclo 2023. Para lograr esos objetivos, la Secretaría Académica en coordinación con el área de posgrado capacita a más de dos mil docentes para fortalecer su labor académica y fijar objetivos comunes.

Es trascendente la vinculación entre la preparación, la aplicación del conocimiento, cultura e investigación. Unísono idioma que conceptualice la preparación integral del alumno. Sea para bien.

LO MUY OSCURO. En la Roma antigua, el nombre de Julio César era dado al emperador en turno. Al menos 8 utilizaron el sobrenombre, que significaba (Iulius Caesar) cónsul y dictador, ofrecido sólo a la corte imperial reinante.

Así, llega a tal encomienda el hasta entonces senador Divino Cayo.

Su esposa Pompeya Sila –nos cuenta el periodista Bernardo López- a pocos días de la unción al trono de aquél, habría asistido ella en compañía de otras damas de la corte a un evento de temática… orgiástica. En calidad de espectadora.

Recordemos que este tipo de eventos eran tan cotidianos, como permitidos a los ojos de la sociedad cosmopolita romana.

El emperador no hizo caso omiso a tal asunto y solicitó por los medios legales, la inmediata separación. El divorcio necesario.

Las damas de la corte acudieron ante el soberano a suplicar por la rectitud de la esposa del César, a la réplica de “sólo fue como espectadora, jamás participó de los actos sexuales”.

De entonces y a la fecha, el insufrible monarca emitiría el veredicto que aún resuena y no pierde vigencia “La mujer del César no sólo debe ser honrada; sino también parecerlo”.

Analicemos la moraleja romana, pero en un sentido positivo –una especie de final feliz-.

Para bien y para mal lo que leemos, compartimos y que llega a nuestro espectro social por cualesquiera que sean los medios informativos, nos hace notar un entorno económico deprimido en el corto, mediano y largo alcance.

Quizá es verdad, si analizamos los componentes del mercado mundial que han sufrido las depresiones ocasionadas por la pandemia de salud; por los conflictos bélicos entre Rusia y Ucrania más los países que toman parte en la ayuda del rival más débil y en general por las desaceleraciones económicas naturales en donde la tecnología tiene papel preponderante.

Tales enmiendas, sumadas a las predicciones de los analistas que vemos todos los días en televisión, dándonos cifras de por qué el dólar bajó, subió, se estancó o no hace nada, mantiene en un tipo de descrédito de la masa poblacional, la idea de que México puede avanzar en su desarrollo de cara al 2023, traducido a que usted y su familia lograsen crecer de manera individual en este naciente año… o no.

Las expectativas comunes en medios, persisten a que no sólo no creceremos, sino que la quiebra, parece inminente.

Y en el mismo tenor -pero contrastando-, la información que llega de otras latitudes, como la Liga Económica Mundial y las previsiones del Centro de Investigaciones Económicas y Empresariales CEBR, colocan a México como la primera economía de habla hispana en el mundo, por encima de la Madre Patria, España, que desciende al 16avo lugar.

Nuestro país, tasaba su PIB nacional en 2002 en 772 mil millones de dólares; dando un fenomenal brinco en 2022 para colocarse en la friolera de 1.42 Billones de dólares, superando los 1,39 de España.

Sí, Estados Unidos maneja una prospección alentadora que sufrirá según los analistas los embates de quien será la primera economía mundial en el mediano plazo, China, y contrastando con el estancamiento y virtual baja de la comunidad europea frente a embate de países emergentes, como el nuestro.

La tasa de crecimiento esperada según los analistas, contempla el paso sostenido al 2037.

Y es donde nos cabe la pregunta que revolotea la cabeza. Ya nos dijeron que quizá no seamos ricos, pero sí sabemos que vamos en camino al desarrollo. Y no se lo debemos a los políticos.

La razón de que un país crezca es en base a la suma de todos sus componentes, donde la sociedad somos la columna vertebral, el corazón, cerebro y ojos.

Pero hay que creérnosla. No sólo parecer que somos una buena opción de país, además de ser la 15ava potencia económica mundial.

Hay que parecer. Hay que trabajar porque así suceda y por beneficio de nosotros mismos.

COLOFÓN: No sólo ser, también parecer. Pompeya le resultó en un divorcio por infección ocular… por no parecer.

alejandrodeanda@hotmail.com

@deandaalejandro

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