¿Por quién debemos votar el 2 de junio?, ¿qué es lo que nos dice la historia y qué podemos aprender de ella?, y, sobre todo, ¿qué es lo que nos estamos jugando en esta elección?
Por: Carlos A. Gabuardi*
Las preguntas con las que he titulado este comentario me parecen de gran importancia y creo que vale la pena reflexionar seria y detenidamente sobre ellas, y aunque en más de una manera yo he venido meditando sobre estos puntos desde hace mucho tiempo, no he querido liberar este trabajo hasta ahora, esperando que lo que aquí escribo pueda contribuir al proceso de reflexión tan necesario ante la próxima elección del 2 de junio de 2024.
Desde que comencé a escribir este artículo le he dado varios títulos. Hubo un momento en que lo titulé “¿Qué es lo que podemos aprender de la historia de un país en el que se vive por sexenios?”; y hubo otro momento en que me hubiera gustado que este trabajo se llamara “Yo les puedo decir por quien deben votar”.
Al final, el título que elegí es el que aparece en el encabezado.
En términos ideales, la persona por la que deberíamos votar este 2 de junio tendría que ser un hombre o una mujer de Estado; sí, una persona con grandes talentos y virtudes, con gran capacidad, elocuencia y visión; una persona proba, honesta, incorruptible, inteligente y simpática; en una palabra, la persona ideal para salvarnos debería ser la persona perfecta.
Sin embargo, los términos ideales no existen y las personas ideales tampoco.
- El Dr. Carlos A. Gabuardi , Lic. Jur., LL.M., Ph.D., es abogado en el ejercicio libre de la profesión y socio fundador de Gabuardi Abogados. Recibió su Licenciatura en Derecho en la Universidad de Monterrey, la Escuela de Derecho de la Universidad de Tulane, le otorgó una Maestría en Derecho, con honores; y obtuvo el grado de Doctor en Derecho (Ph.D.) por la misma universidad. Actualmente es Investigador Honorario y Profesor de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey y fue miembro del Sistema Nacional de Investigadores. El Dr. Gabuardi fue abogado del Departamento Legal del Banco Mundial, Washington, D.C.; Gerente Legal Corporativo y Secretario Suplente del Consejo de Administración del Grupo Gamesa (actualmente Pepsico); fue Profesor de Derecho en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Director del Departamento de Derecho en la Universidad de Monterrey; Profesor Visitante de Derecho, St. Mary ́s University School of Law, San Antonio, Texas; representó al Tecnológico de Monterrey ante el Consorcio de Justicia del Programa Eurosocial, ess Co-Secretario General del Grupo de los 100 del Centro de Innovación, Desarrollo e Investigación Jurídica para Latinoamérica, y miembro de número de esa organización con el No. 63, es miembro de la Academia Mexicana de Derecho Internacional Privado y Comparado y de la Academia Internacional de Derecho Comparado. Es miembro del Comité de Arbitraje de la Camara Internaciónal del Comercio, del Comité Mexicano ante la Asociación Internacional de la Ciencia Jurídica de la UNESCO y de la sección mexicana del la Association Henri-Capitant des amis de la culture juridique français. Arbitro Certificado del Centro Estatal de Métodos Alternos de Resolución de Conflictos, fue miembro de la Comisión de Arbitraje de la Cámara Internacional de Comercio, y es socio del Rotary eClub of Silicon Valley.
En este sentido, creo que votar pensando única y exclusivamente pensado en las personas me parece que es un error.
En primer lugar, porque ningún candidato llega limpio, ni libre al día de la elección. Todos llegan con compromisos que poco o nada tienen que ver con el bienestar de la patria, y todos llegan con una fauna de acompañamiento que normalmente representa los intereses más espurios que uno se pueda imaginar.
Ocasionalmente hay quienes auténticamente piensan en el bienestar de México, pero son los menos.
El marketing político constantemente nos quiere vender la imagen de las personas involucradas en las candidaturas para los puestos de elección popular, con la misma profundidad con la que se vende un refresco embotelladlo o una pasta de dientes.
Efectivamente, los expertos en marketing político constantemente nos tratan de vender imágenes y eslogan sin substancia.
Desafortunadamente en la carrera por el poder político parece que se vale cualquier cosa; aquí no hay principios, ni valores; se trata de un juego perverso guiado por los perfiles más sórdidos que uno podría llegarse a imaginar.
Repito, en mi opinión votar por la persona es un error, pues no estamos votando para elegir divas, ni primas donnas; en realidad estamos votando por una visión y por un proyecto respecto al tipo de país que nos gustaría tener.
Creo que en México hemos errado al pensar, imaginar y soñar que las personas que se postulan y ocupan cargos públicos se comportarán siempre con honorabilidad, decoro, probidad, sabiduría y respeto al orden jurídico.
Estoy seguro de que excepcionalmente ha habido gente buena involucrada en el juego del poder y estoy seguro de que la seguirá habiendo; pero lo cierto es que estas personas son la excepción y no la regla, y la verdad es que el mundo y la vida no pueden guiarse por comportamientos de excepción.
En mi opinión, el primer paso a tomar por la ciudadanía consiste en fortalecer el Estado de Derecho, el orden jurídico y la función jurisdiccional; y en esta misma línea de ideas, también se debe dar contenido a la máxima de que nadie debe estar por encima de la ley y que la infracción de este principio debe tener consecuencias.
Sin embargo, veo dos problemas para echar a volar estas ideas: nadie quiere ponerle el cascabel al gato y casi nadie quiere poner dinero donde pone sus gritos, palabras y reclamos.
Hago estas reflexione porque en mi opinión no solamente hay que visualizar el camino, sino también los posibles obstáculos que uno podría encontrar, para así preverlos y anticipar su solución.
Hay una frase que le atribuyen a Albert Einstein: locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes.
Así, al pensar en esto, quizá valdría la pena que tratáramos de vernos en el espejo de nuestra propia realidad y que reflexionáramos con toda seriedad sobre qué es lo que podemos aprender de la historia de un país como México, en el que se vive por sexenios.
Naturalmente, al escribir estas cosas me surge la terrible comezón de querer describir la realidad concreta, decir nombres, y contar anécdotas; es que parece que la narrativa de contar historias aderezándolas con datos concretos tiene los efectos de una especie de ejercicio purificador, es como si al hacerlo nos pudiéramos liberar de tantos de esos demonios que pululan a nuestro alrededor.
Sin embargo, creo que hay que trascender a las personas y a los tiempos, y me parece que cada lector puede recurrir a su propio conocimiento de las cosas para fácilmente identificar personas y acontecimientos que ilustren los temas a los que hago referencia en este escrito, desde riquezas inexplicables y mal habidas, hasta abusos de todo tipo y negligencias extremas que han costado la vida, la salud y la estabilidad de muchísima gente, e incluso del país entero.
En este sentido, me parece que hay que fortalecer los controles sobre las personas que ejercen el poder público.
Insisto, entre otras muchas cosas, hay que fortalecer al poder judicial y el ejercicio de la función jurisdiccional; pero también hay que exigir a los regidores y a legisladores. – diputados y senadores – que cumplan con sus obligaciones y que no sólo actúen como intrigantes y levanta dedos.
Desafortunadamente hemos sido testigos de cómo los que ocupan estos puestos, en un afán de poder desmedido, se han especializado en la intriga y la calumnia olvidando sus responsabilidades mínimas en los términos de la ley y la constitución.
Sería muy interesante iniciar una reflexión seria y profunda sobre estos temas, por lo que los invito a comentar las ideas sobre que he estoy escribiendo.
Es sabido que si una persona desea entrevistarse con un funcionario público es muy probable que éste jamás lo llegue a recibir, y que aún si lo recibe, las posibilidades de que estos “servidores públicos” atiendan diligentemente sus peticiones son prácticamente inexistentes.
Hay muy dignas excepciones, pero son eso: excepciones.
Sin embargo, me dicen que los funcionarios públicos no soportan que los quemen en “twitter”, “x”, o la red social de moda.
Dicen que es la única manera en que estos reaccionen ante el clamor popular, así es que habrá que adaptarse a los tiempos y si eso es lo que hay que hacer, pues habrá que hacerlo.
Finalmente, creo que México es un gran país y en mi opinión nuestra patria tiene una auténtica vocación democrática.
Sin embargo, creo que la democracia no es un punto de llegada, y aunque el día de las elecciones es un hito muy importante en este proceso, considero que la consolidación democrática es un ejercicio continuado que requiere la constante participación de todos y cada uno de nosotros, así como de una significativa elevación del discurso y de los temas en los que deben centrarse las preocupaciones ciudadanas.
¡Votar el 2 de junio es muy importante!, no debemos desalentarnos por agoreros mal intencionados.
Recordemos que para que nuestro voto sea efectivo debemos votar por un solo partido, que hay que evitar las trampas y hay que hacerlo con la consciencia de que al emitir nuestro voto más que elegir una persona determinada, estamos eligiendo nuestro futuro y el de nuestros hijos, así como el tipo de país que queremos tener.



