Por Carlos Ramírez
INDICADOR POLITICO
La revisión obligatoria del tratado de Comercio libre este año está siendo preparada en Estados Unidos como el instrumento o el mecanismo de coerción política, diplomática y de seguridad con México para conseguir los objetivos del presidente Donald Trump de tomar el control de la economía, el poder y los recursos mexicanos.
El lado mexicano está preparado para desahogar los expedientes estrictamente comerciales, pero algunos indicios de la Casa Blanca están perfilando que la verdadera agenda bilateral, geopolítica y de seguridad nacional estará presente con expedientes colaterales.
El presidente Trump tiene acorralando –y no hay otra palabra– al gobierno mexicano con el uso en vigor de aranceles anti-TCL a cambio de exigencias de seguridad nacional, frontera, migración y narcotráfico y penden todavía como espada de Damocles otros aranceles especiales que están a la espera de resultados no estrictamente productivos, sino de políticas de seguridad mexicanas.
Uno de los temas que está sacando chispas en los últimos días en las relaciones bilaterales es el del apoyo petrolero de México a Cuba, cuyas razones históricas geopolíticas le funcionaron a México desde que el gobierno mexicano de López Mateos se negó a romper relaciones diplomáticas con La Habana por órdenes directas de EU a la OEA. Pero con Trump y su secretario de Estado-consejero de Seguridad Nacional de nacionalidad cubana, Marco Rubio, tiene otros datos y otros objetivos.
El aparato agresivo del Tesoro tiene también preparadas ya líneas de acción para sancionar a México por violar directrices nacionales de Estados Unidos que han sido impuestas arbitrariamente como líneas de acción para someter políticas exteriores de otros países. Y también sigue vigente el incumplido –por México– acuerdo del Departamento de Estado para suspender el apoyo de México a Cuba con la contratación de médicos que independiente de su capacidad o no en los hechos no pueden ejercer por falta de equidistancia en el reconocimiento de grados, y aún en el caso lo comprobado de que la medicina de investigación en Cuba está muy adelantada.
Del lado mexicano no se tienen informaciones sobre lo que se tenga preparado para las mesas de negociación del Tratado que tengan que ver con políticas internas de México, aunque con efectos muy graves en la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos que está aplicando las tres doctrinas imperiales del dominio geopolítico: la del gran garrote con invasiones, golpes de Estado y secuestros, la Monroe que le permite a la Casa Blanca la decisión unilateral de tomar el control total del continente americano –y ya se incluye a Groenlandia– y la del Destino Manifiesto que viene desde los puritanos que arribaron a América en el siglo XVII para cumplir el designio divino de la Providencia de que los EU representan el Reino de Dios en la Tierra.
Los aranceles de castigo en curso y la amenaza de otros que se han ido posponiendo a la espera de que México muestre buena voluntad van a ser el instrumento coercitivo de la Casa Blanca, y por si ese mecanismo fallara, también se preparan ya filtraciones de la famosa lista de decenas de políticos mexicanos involucrados con las bandas del narcotráfico y del huachicoleo de combustible y el huachicoleo fiscal.
En ciertos niveles vinculados a Estados Unidos circula la percepción de cuando menos cinco altos funcionarios de las 4T a nivel federal y estatal podrían enfrentar expedientes públicos en Cortes judiciales estadounidenses por relaciones peligrosas con los cárteles, aunque en esos sectores oscuros se tiene el indicio de que el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, habría superado algunas acusaciones en su contra por relaciones reconocidas de manera pública con el Cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán y del Mayo Zambada, pero solo por el hecho de haber estado presuntamente involucrado en el secuestro del Mayo que un hijo del Chapo operó para entregarlo a la DEA en Estados Unidos.
A ello se debe agregar la parte estrictamente comercial del Tratado, toda vez que en los 32 años de vigencia del acuerdo México fue incapaz de construir una planta industrial competitiva, abandonó la existente y la participación mexicana en los productos de exportación bajó de 60% a 40%. Y el enfoque mexicano del Tratado se reduce a políticas directas de oficinas públicas, pero sin ningún acuerdo real de apoyo a la parte industrial privada que se ha ido deshaciendo para regresar a México a una política industrial maquiladora extranjera.
Y como un elemento vigente que aquí en México no ha habido preocupación por apuntalarlo y que en Estados Unidos está siendo procesado con displicencia imperial, México tampoco ha colaborado en nada en el caso del presidente Maduro y el discurso nacionalista está en línea de confrontación directa con la narrativa central del presidente Trump.
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Política para dummies: la política ayuda cuando quieren que ayude, y, como decía Don Teofilito, no cuando no quieren que ayude.
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