INDICADOR POLITICO
Por Carlos Ramírez
La “tremenda lucha por el poder” que afirmó el expresidente Carlos Salinas de Gortari alrededor de la sucesión presidencial de 1994 también tuvo su universo concreto al interior del grupo compacto de Los Pinos y el saldo debe ser considerado también una variable dependiente en la crisis que estalló en Lomas Taurinas el 23 de marzo de 1994.
Oculto siempre en su estilo subterráneo, el súper asesor salinista Joseph Marie Córdoba Montoya es también una pieza clave fundamental. El punto de partida puede ser el final de esta variable: el presidente Salinas de Gortari no pudo poner presidente sucesor –el primero en la historia sistémica del PRI–, porque sus dos propuestas –Luis Donaldo Colosio y Manuel Camacho Solís– fueron sacadas de manera violenta del proceso sucesorio y Ernesto Zedillo Ponce de León fue presidente como candidato de Córdoba Montoya.
El factor Córdoba –libro El asesor incomodo. Joseph-Marie Córdoba Montoya, del autor de Indicador Político, Editorial Océano– estuvo desde el principio en lo que ya se puede caracterizar como el caso Colosio. Su papel como jefe de la oficina de la Presidencia no fue burocrático sino de ejercicio directo del poder que siempre fue cuestionado por su origen francés; inclusive, en mayo de 1992 dos columnas de Indicador Político denunciaron que Córdoba Montoya era un “riesgo de seguridad nacional” justamente por su origen extranjero pero teniendo en sus manos la funcionalidad de la Jefatura del Ejecutivo salinista y el dato más importante fue que el CISEN –Centro de Información y seguridad nacional– abandonó la Secretaría de Gobernación y pasó a la oficina principal de Los Pinos pero a través del despacho de Córdoba.
Con un conocimiento de las sensibilidades burocráticas del régimen priista mexicano, Córdoba efectivamente fue una especie de vicepresidente operativo de la República, y se cuidó de que no quedarán huellas burocráticas pero todos los asuntos presidenciales pasaron por el escritorio de la Jefatura adjunta, incluyendo –y sobre todo– el proceso de sucesión presidencial que involucraba a tres figuras del gabinete: Colosio, Camacho y Zedillo.
Para nadie fue un secreto que Córdoba impulsó la precandidatura de Zedillo y aún por encima del cuidado con el cual Salinas trató de mover los hilos del poder entre esas tres aspiraciones, pero al presidente le distrajo el choque de caracteres entre Colosio y Camacho, y se despreocupó un poco porque la precandidatura de Zedillo nunca estuvo en el ánimo de finales de 1993, sino que Salinas lo estuvo colocando cerca de Colosio pensando en una sucesión transexenal: Colosio en 1994 y Zedillo en el 2000.
Córdoba nunca fue un ujier de Salinas: participó de manera decisiva en el Plan Global de Desarrollo de la Secretaría de Programación y Presupuesto en 1979-1980, fue el poder adjunto de Salinas en la SPP y controló información y decisiones de seguridad nacional, incluyendo las que tenían que pasar de modo obligado por la Defensa Nacional y la Marina-Armada de México.
Córdoba estuvo presente en todas las reuniones de Salinas, aunque jugó siempre al silencio burocrático, pero una vez terminadas las juntas era el que se quedaba con el presidente para procesar debates y decisiones, por lo que fue considerado siempre el Ministro del Oído Presidencial.
En la disputa por la candidatura priista de 1994 que tuvo lugar todo el año de 1993, Córdoba parcializó el gabinete para –primero– aislar a Camacho, luego a bloquear a Colosio y finalmente mover a Zedillo para meterlo en la terna.
En el debate grabado y transcrito con los diputados del PRD el 30 de octubre de 1996, Córdoba nunca pudo ser atrapado pericialmente porque nunca dejó documentos verificables, pero los analistas que movían en la información no formal sobre la sucesión vieron siempre a Córdoba como una pieza clave de Salinas para administrar el equilibrio político en el gabinete, pero con indicios de beneficiar a Zedillo.
Córdoba fue el estratega del proyecto neoliberal ideológico de Salinas y su huella ahí sí quedó escrita en la revista salinista (A)Nexos con su texto “10 lecciones de la reforma económica” que se publicó febrero de 1991 y se convirtió en el eje ideológico-económico de la sucesión a favor de Colosio. La alianza Córdoba-Zedillo reventó a Camacho después del destape de Colosio y luego de su asesinato.
El razonamiento de Zedillo en su carta a Colosio del 19 de marzo está reproducido en la argumentación de Córdoba durante su encuentro con los diputados del PRD: priorizar el clima de inestabilidad y endosárselo a Camacho como una forma de responsabilizarlo del crimen. Salinas entendió la carga negativa en de Córdoba después del asesinato y lo sacó del gabinete y del país el 30 de marzo para enviarlo exiliado a EU.
Lo único cierto es que Colosio ya había decidido antes eso asesinato, y lo comentó con columnistas políticos de confianza: “el doctor Córdova Montoya estaría en la administración federal hasta el 30 de noviembre de 1994” y no más allá.
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Política para dummies: la política es un juego clandestino de poderes oscuros.
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