OPTIMUS
Por: Jorge A. Pérez González
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Domingo 24 de mayo del 2026
La credibilidad y la confianza eran los principales valores con los que contaba el IFE, y digo eran, porque en este país nadie cree a pie juntillas nada, y además nadie confía plenamente en nada, pero desde el surgimiento del INE, este esfuerzo democrático ciudadanizado, pretendía que se podría confiar en algo.
El daño es irreversible y los efectos se habrán de sentir en el próximo proceso electoral, cuando se vuelva a convocar a la población para poder efectuar la jornada y se encuentren con una pobre y escasa intención de colaborar.
Independientemente de quien obtenga el triunfo, con la simple revisión de las actas o con el lento proceso de recontar voto por voto, opciones previstas en el reglamento, la sociedad no se va tragar el cuento de quien ganó las elecciones.
Va resultar sumamente difícil para la Presidencia de la República, poder gobernar un país de escépticos y suspicaces, que pondrán en tela de duda todas las iniciativas enviadas, por la simple y sencilla razón de que el emisor estará descalificado de antemano, producto de una serie de prácticas erróneas del Instituto Nacional Electoral.
Gane quien gane, será cuestionado severamente por la opinión pública, por la simple y sencilla razón, de que, a cualquiera de ellos, la sombra de la duda lo acompañará de manera permanente, aunque esa sombra no corresponda a su físico, sino a la de un enorme monstruo que se llama expoliación.
Y con una imagen así, deberá ser muy difícil poder mantener la gobernabilidad, independientemente de la conformación del Congreso de la Unión, pues es fácilmente predecible lo que pasará con la segunda y la tercera fuerza política del país.
A veces los matrimonios son sumamente necesarios, independientemente de quien embarace a quien.
Para poder gobernar bien, es necesario que la percepción sea tomada en cuenta. No basta con hacer las cosas bien. Si la sociedad percibe alguna irregularidad, aunque sea el mejor esfuerzo para sostener la economía, la descalificación será absoluta y contundente.
Y en el caso particular del INE, el 35% de la sociedad no creerá en el resultado final. Están tan polarizados los ánimos de la nación, que no hay escenario posible donde se pueda rescatar la credibilidad en una institución que intentó ser un órgano ciudadano de fe.
Los errores del INE han sido: la notoria dependencia del gobierno federal, la falta de cuidado en el manejo de los elementos cibernéticos, la falta de argumentos congruentes para disipar las dudas y la clara tendencia de las respuestas.
Pero además la falta de iniciativas para impedir la llegada a los puestos de elección de personajes con antecedentes penales, de personas sin filiación partidista, pero familiares de algún capo de moda y lo peor, de clanes familiares que no tienen carta curricular pero que poseen apellido de abolengo y sangre de varios colores; roja, azul, verde, amarilla, naranja y hasta morada.
Para explicarlo en términos de moda, es decir futbolísticos, el árbitro pitó un excelente partido, pero al final se le descompuso el panorama y como no había definición, marcó un penal que nunca existió.
En este país, nadie cree que el gobierno no tuvo nada que ver en los sucesos de Tlatelolco en 1968, como tampoco creen en la “Caída del Sistema” en 1988, tampoco cree en la teoría del asesino solitario de Lomas Taurinas, mucho menos en la confusión que privó de la vida al Cardenal Posadas Ocampo.
Y lamentablemente, por esas omisiones incongruentes, en las que todos pensamos que se pueden corregir fácilmente se pierde la credibilidad, no es posible que a ninguno de los consejeros se le ocurra siquiera que un nacido en USA, llega a gobernar en México y después de cometer tropelías y abuso de poder, huye a la tierra que lo vio nacer para evadir la acción de la justicia y nadie busca solucionar ese vacío legal.
Estoy de acuerdo que su nacionalidad mexicana la tiene por derecho de sangre de sus padres, pero que no sería más congruente, poner como requisito absoluto la renuncia a la otra nacionalidad.
Si es tan patriota como para querer gobernar mediante un cargo de elección popular en nuestra patria, no creo que le resulte imposible hacerlo, pero eso evitaría la no tan graciosa huida en la oscuridad.
Mientras algo extraordinario no suceda, la población en general seguirá pensando: ¿SE ACABÓ EL INE?
Jorge Alberto Pérez González
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