INDICADOR POLITICO
Por Carlos Ramírez
En mayo de 2006, justo en la coyuntura decisiva de las elecciones presidenciales entre el panista Felipe Calderón Hinojosa y el entonces perredista Andrés Manuel López Obrador, Oaxaca se convirtió en un laboratorio político para dar el paso que nunca entendió Vicente Fox Quesada en el 2000: el agotamiento del sistema/régimen/Estado/Constitución/poder real del PRI y la construcción de un nuevo aparato de dominación.
La Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca (APPO) –y sus aliados la sección 22 de la CNTE de maestros y de manera muy visible el grupo guerrillero del EPR– instaló campamentos en el centro histórico de la capital y se planteó dos objetivos muy claros: la renuncia del entonces gobernador Ulises Ruiz Ortiz como pieza clave del candidato presidencial priísta Roberto Madrazo Pintado y de manera muy precisa la meta de instaurar una comuna popular en la entidad como un segundo paso del fracasado EZLN y su meta de naciones indígenas confederadas imponiendo el nuevo ritmo sistémico.
Este modelo fue derrotado por el resultado electoral oficial que benefició a Calderón por medio punto porcentual, por el fracaso de la réplica oaxaqueña en el campamento perredista-lopezobradorista en Reforma y la instrucción directa del candidato derrotado López Obrador el 1 de diciembre de ese mismo año de 2006 de cerrar con cadenas el Palacio legislativo para impedir el procedimiento constitucional de toma de protesta de Calderón y en ese escenario repetir las elecciones. En este último punto ayudó el PRI a introducir a Calderón al Palacio legislativo por una puerta secreta, llevarlo al pleno y permitir la jura presidencial.
Desde el 2006 se echó a andar un operativo a la vista de todos: la sustitución de la vieja estructura sistémica del PRI corporativo que fundó el presidente Lázaro Cárdenas del Río en 1938 como parte de un modelo socialista utópico con la organización de las clases determinantes no propietarias en el modo de producción capitalista pero como masa y no como clase para impedir un régimen obrero –cuando menos en teoría– que inició Lenin con la revolución de octubre En Rusia.
Aquel aparato alternativo popular fue una propuesta abierta desde entonces del candidato perredista López Obrador y de ahí su alianza política, ideológica, de clase y alternativa que encontró en la sección 22 y sobre todo en su Programa de Transformación Educativa de OAXACA –el PTEO– que se definió con base en el relevo del modelo ideológico del Estado para pasar del neoliberalismo salinista-zedillista-prianista a uno de clases populares basado –y ahora se entienden muchas cosas– en estructura sistémica de los pueblos originarios indígenas que giraron en torno al Tlatoani.
La historia de 2006 que tiene que revisarse la escribí en el libro-reportaje La comuna de Oaxaca (https://indicadorpolitico.com.mx/wp-content/uploads/2026/06/Com-oax-libroOk-2.pdf). Ahí quedó muy claro que la CNTE de la sección 22 era mucho más que una organización magisterial y que buscaba la sustitución del régimen representativo constitucional por una estructura organicista indígena y también ofreció la cuadratura del círculo en la esencia de la definición del ejercicio del poder de López Obrador y ahora la presidenta Sheinbaum Pardo a partir de ceremonias indígenas y de la sustitución de la Constitución por el bastón de mando.
El Estado cuenta con el monopolio de poder, la justificación legal y sobre todo la exigencia social de poner orden en el desorden y aplastar a la CNTE. En 2006, una vez que tomó posesión de la Presidencia, Calderón asumió dos líneas estratégicas decisivas contra poderes fácticos: la guerra contra los cárteles del narcotráfico como adversarios del Estado constitucional y la solución por la vía de la fuerza represiva de la ocupación indígena-popular-magisterial de Oaxaca y el encarcelamiento de los principales líderes que se habían apoderado del espacio decisivo del poder estatal durante medio año.
La pax narca con gobernanza criminal vía la estrategia de “abrazos, no balazos” encuentra correspondencia con la pasividad del Estado actual frente a los abusos magisteriales que pueden ser aplastados en un tris. Pero estos grupos de poder han asumido perfiles de control social sistémico que han sustituido a la inservible CTM, a la inexistente CNC, a la disuelta CNOP y a los grupos sociales que siguen creyendo en el régimen de la Revolución Mexicana y que están impidiendo el nuevo régimen popular.
El dominio de esa estructura de poder está muy atenta a los últimos llamados de atención: la victoria del PRI en Coahuila, la posibilidad de una alianza operativa PRI-PAN, la intervención de Estados Unidos para tratar de impedir el Estado populista en su frontera de más de tres mil kilómetros y la nueva hegemonía del presidente Trump.
Lo que está en juego ahora y antes no es la CNTE ni los cárteles como tales, sino como parte de la sustitución definitiva del viejo régimen priista-prianista.
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Política para dummies: la política es la verdadera lucha de proyectos ideológicos.
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