INDICADOR POLITICO
Por Carlos Ramírez
A pesar de que la educación es considerada como pieza estratégica de todo modelo de desarrollo, autoridades y trabajadores le han perdido el respeto: no se sabe ya a quién irle, si a los plantones de la CNTE o a la suspensión futbolera inducida por la Secretaría de Educación Pública.
La decisión oficial de declarar feriado educativo en los partidos de México en las tres plazas donde se desarrollarán juegos del mundial de futbol se ha justificado –como declaración de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, oficial que pasará a la historia– con la argumentación de que escuelas y trabajadores en traslados urbanos son un estorbo para los turistas que necesitan disfrutar la capital de la República. Pero al final nunca llegaron los cinco millones de visitantes futboleros prometidos.
Y la verdad es que Brugada echó mano a todos su talento de movilización social que aprendió en los grupos urbanos de paros y choques en la delegación Iztapalapa y en la zona franca de San Miguel Teotongo para ofrecerles a los invisibles visitantes verdaderos tours que sólo la imaginación morenista ha podido cristalizar: Zócalo ocupado por un campamento de la CNTE, decenas de marchas y bloqueos de calles para protestar por decenas de quejas ciudadanas que no son tomadas en cuenta por la autoridad capitalina, una movilidad desordenada de autos, la experiencia turística inolvidable para disfrutar en vivo y en directo la respiración de esmog que muchos de los turistas no tienen en sus ciudades, una capital en manos de la inseguridad pública con casco, tolete, gas pimienta, escudos y extinguidores para aplastar la disidencia que el sector político del Gobierno capitalino no ha sabido procesar.
La argumentación oficial de los gobiernos federal y capitalino para suspender clases y obligar –las dos decisiones a través de decretos en el Diario Oficial– a home office o trabajo en casa puede ironizarse en el sentido de que fueron unos cuantos días, pero resulta que son suspensiones que afectan la productividad laboral y educativa y sobre todo enseñan a los niños que el deporte de las patadas es un negocio multimillonario de la FIFA de algunas migajas fiscales a las finanzas públicas y tiene prioridad sobre la enseñanza.
A ello se debe agregar la falta de regulación gubernamental al permitir que los patrocinios del mundial, los partidos, los equipos y los futbolistas se hayan dedicado a promover de manera publicitaria la violación de leyes y reglas que costó mucho trabajo implementar para imponer restricciones en sellos a alimentos y bebidas que son dañinas para la salud.
¿Con qué cara ahora las autoridades educativas van a querer seguir prohibiendo la comida chatarra dentro de las escuelas o en puestos callejeros a la salida de los niños, si de manera oficial se viola en la promoción futbolera de esa comida y alimentos que debiera estar a una sana distancia de la alimentación infantil?
Y también con la autorización de los gobiernos federal y de todos los estados, la fiebre futbolera promovió en el espíritu de los niños la venta de álbumes con estampas de jugadores y países participantes en el mundial de futbol. El problema más importante estuvo en el hecho de que no se regularon ni los precios ni la circulación de esas colecciones y los niños se olvidaron de sus clases y entraron en la compulsión de juntar e intercambiar estampas para llenar los cuadernos que fueron simple y sencillamente otro negocio a expensas del gasto de las familias, de por sí ya muy castigado por la inflación que no baja.
Y hay más: la falta de autoridad gubernamental: el día libre en las escuelas –cuando menos en los juegos de México contra Sudáfrica y la República de Corea– sólo fue obligatoria en aulas públicas, mientras que las privadas que cobran altas colegiaturas no suspendieron clases y de nueva cuenta se fueron acumulando realidades que sacrifican la atención en la educación pública mientras es rebasada por la educación privada.
Quizá los más afectados por esta disparidad hayan sido los miembros de la nueva élite gubernamental de Morena que para nada utiliza la inscripción en escuelas públicas y todos sus hijos y nietos están inscritos en escuelas privadas. Y debieron de asistir a clases.
Y en este contexto se da la pasividad en modo de “¿y yo por qué?” del Gobierno federal que desde 1979 ha permitido que con impunidad la Coordinadora disidente del magisterio –que abarcan, cuando mucho, el 15% de la población magisterial pública– suspenda clases por meses y reduzca el tiempo obligatorio para capacitar de conocimientos a los niños, y luego de negociaciones que al final ganan los disidentes resulta que las secciones de la CNTE aumentan los beneficios de presupuesto regalado para que por favorcito levanten sus plantones y regresen a cumplir con sus horas de trabajo que firmaron en el contrato colectivo.
La autoridad educativa pasará a la historia como cómplice del deterioro educativo de la infancia.
-0-
Política para dummies: la política daría risa, si no tuviera repercusiones gravísimas en una República.
carlosramirezh@elindependiente.mx
http://elindependiente.mx
@carlosramirezh
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.
Indicador Político
Twitter: @ElIndpendiente





