Alejandro de Anda
LO CLARO. La ampliación y modernización de la infraestructura de la UAT en Nuevo Laredo representa –junto a la premisa de construir edificios- abrir mayores oportunidades para los jóvenes y fortalecer a la sociedad fronteriza.
Nuevas aulas para Psicología y Autotransporte de Carga, una Facultad de Enfermería en construcción, mejores centros de cómputo, espacios de atención académica y áreas deportivas permitirán ampliar la oferta educativa, elevar la calidad de la formación y ofrecer instalaciones acordes con las necesidades actuales del alumnado.
Al mismo tiempo, esta inversión genera un beneficio social de largo alcance. Más jóvenes podrán prepararse profesionalmente en su propia ciudad, las empresas e instituciones tendrán acceso a capital humano mejor capacitado y espacios como el Gimnasio Multidisciplinario podrán contribuir a la actividad física y formación integral tanto de la comunidad universitaria como de la sociedad de Nuevo Laredo.
LO OSCURO. Durante décadas Pemex fue sinónimo de soberanía, riqueza y orgullo nacional.
Hoy la discusión debería ser bastante más sencilla. Cuánto produce, cuánto gana, cuánto debe y cuánto dinero tenemos que poner los mexicanos para mantenerlo funcionando. Los números son incómodos.
Pemex perdió cerca de 780 mil millones de pesos en 2024. En 2025 la pérdida cayó espectacularmente hasta 45 mil millones. Su deuda financiera también bajó. De 97 mil 600 millones de dólares al cierre de 2024 pasó a 85 mil 200 millones al terminar 2025 y ha seguido descendiendo durante 2026.
Parece una recuperación formidable.
Hasta que vemos de qué ‘bolsita’ salió el dinero.
En 2025 el Gobierno Federal aportó aproximadamente 395 mil millones de pesos a Pemex. En 2024 habían sido otros 156 mil millones. Son alrededor de 552 mil millones en dos años. Y para 2026 volvieron a contemplarse más de 263 mil millones.
La deuda baja en Pemex mientras el dinero sale de Hacienda. Eso ya es otra narrativa.
Porque Hacienda tampoco fabrica billetes; administra nuestros impuestos y nuestra deuda pública. Cada peso destinado a Pemex compite con carreteras, hospitales, seguridad, agua, educación e infraestructura.
Antes de celebrar que Pemex debe menos, habría que preguntar cuánto de esa mejoría pagó realmente Pemex.
La producción también cuenta su propia historia.
México produjo alrededor de 3.4 millones de barriles diarios de crudo en 2004. Hoy ronda 1.6 millones de barriles diarios. En veinte años partimos la producción por la mitad.
Cantarell envejeció y aquella gigantesca alcancía geológica se acabó.
Perseguir otra vez los tres millones de barriles sería una obsesión cara. El negocio consiste en obtener utilidad, antes que presumir volumen.
Y para eso Pemex necesita… socios. Si, inversión privada.
El petróleo sigue siendo mexicano.
Compartir riesgo dista mucho de regalar soberanía.
Colombia mantiene cerca de 88.5% de Ecopetrol. Petrobras combina control estatal y capital privado. Arabia Saudita colocó una parte de Aramco en bolsa.
Y mientras México sigue mirando obsesivamente al petróleo, tenemos enfrente un problema mucho más delicado…. el gas.
Consumimos alrededor de 8 mil millones de pies cúbicos diarios y dependemos fuertemente del gas natural que llega desde Estados Unidos. Con él producimos electricidad, acero, cemento, vidrio, automóviles y buena parte de la manufactura mexicana. Esa es una vulnerabilidad estratégica enorme.
Burgos, Veracruz, aguas someras y otros campos necesitan inversión. Pemex puede desarrollarlos con socios privados. Gas mexicano, producido en México, pagando impuestos y regalías aquí.
Eso es soberanía energética mucho más concreta que cualquier discurso.
Y todavía falta el elefante que no se ve, pero se siente… el huachicol.
Combustibles introducidos al país mediante contrabando o clasificaciones que permiten evadir impuestos. Las estimaciones sobre la evasión han llegado a cientos de miles de millones de pesos anuales.
Mientras una estación formal compra combustible pagando impuestos, transporte y regulación, en otro extremo aparece producto ilegal capaz de venderse más barato precisamente porque alguien se quedó con la parte que correspondía al Estado.
Pero… aunque mañana desapareciera hasta la última toma clandestina y cada litro de combustible pagara impuestos, Pemex seguiría teniendo que resolver su deuda, sus necesidades de inversión y la rentabilidad de sus refinerías.
El huachicol saquea a Pemex. Pero también sirve de coartada para evitar discutir aquello que ocurre dentro de Pemex.
Deer Park demuestra que una refinería estatal mexicana puede generar dinero. Perfecto. Entonces usemos exactamente esa vara para medir a las otras.
Dos Bocas, Tula, Salina Cruz, Salamanca, Cadereyta, Madero y Minatitlán deberían publicar una cuenta elemental ¿cuánto cuesta procesar cada barril y cuánto dinero deja?
La que gana, recibe inversión. La que destruye dinero año tras año, se reconvierte o sale de operación.
Una refinería jamás se vuelve estratégica por perder dinero con la bandera mexicana encima.
Pemex debe dejar de jugar a ser propietario, inversionista, operador, refinador y financiador universal utilizando siempre la misma cartera.
Campos con capital privado; Gas con asociaciones; Refinerías sujetas a rentabilidad; Consejo profesional.
Y una regla por encima de todas… Pemex tiene que pagar Pemex.
Mientras Hacienda tenga que meter cientos de miles de millones para que la petrolera pueda presumir que debe menos, estaremos celebrando una ilusión contable.
Pemex puede seguir siendo patrimonio nacional.
Lo que ya resulta demasiado caro es que sus problemas también lo sean.
COLOFÓN: Defendamos a Pemex como un perro amarillo (“caramelo” le dicen ahora). Aunque hoy el águila de la paraestatal, se encuentre completamente desplumada. Es de los mexicanos. ¿o no?
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