Inicio OPINIÓN Espíritu echeverrista en la 4T: derechos de sociedad/audiencias

Espíritu echeverrista en la 4T: derechos de sociedad/audiencias

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INDICADOR POLITICO

Por Carlos Ramírez

A partir del criterio de que la sucesión presidencial de 1970 buscó la sobrevivencia del sistema/régimen priista después del movimiento estudiantil del 68 que desarticuló el aparato presidencialista de poder, el presidente Luis Echeverría Álvarez se dio a la tarea de reconstruir a estructura autoritaria del priismo absolutista.

El principal desafío que mostró la vertiente popular del movimiento estudiantil fue la de una sociedad independente de las estructuras priistas y ahí se percató el gobierno que el principal adversario iba a ser la televisión privada. Por lo tanto, el nuevo presidente se dio la tarea de evitar la autonomía política sistémica de la televisión privada que representaba Telesistema Mexicano, hoy Televisa.

El juego de poder de Echeverría se mostró abiertamente en su segundo informe de gobierno del 1 de septiembre de 1972: una confrontación con la televisión privada a partir de la defensa pública de la sociedad que hoy se define como audiencia. Ahí se establecen los parecidos históricos entre la iniciativa de la 4T en nombre de las audiencias y las decisiones de Echeverría representando a la sociedad, frente al poder ideológico y modulador de conciencias que representaba la programación televisiva.

La parte sustancial del informe presidencial de 1972 respecto a la televisión y el papel del Estado en defensa de la sociedad (hoy como audiencias) se debe revisar porque en el debate actual de la 4T resuenan los ecos echeverristas:

“Confiere al Estado una mayor responsabilidad en la administración de un servicio público cuya orientación ha de ser eminentemente social.

En semanas recientes, se intensificó el debate en torno a la radio y la televisión.

Es manifiesta la preocupación por fortalecer los derechos de la sociedad mexicana sobre esos medios y garantizar el correcto cumplimiento de las funciones que tienen asignadas.

(…)

El régimen de la radio y televisión es reflejo de nuestro sistema de economía mixta.

Al Estado corresponde velar por el cumplimiento de los objetivos que la Ley señala a las empresas concesionarias del espacio aéreo.

Estamos obligados a exigir que la imagen que llega a millones de niños y adultos no deforme los valores de nuestra convivencia, y que los adelantos de tecnología no se utilicen para fomentar servidumbres intelectuales.

El Gobierno ha asumido, además, el manejo directo de algunas estaciones de radio y canales de televisión y participa con los concesionarios privados en el aprovechamiento del tiempo de transmisión que la legislación le otorga, con el fin de contribuir a mejorar la calidad de las transmisiones.

Los servicios de difusión deben ser más nacionales en su contenido, ofrecer mejores oportunidades de cultura una veraz información y sano entretenimiento.

Es corresponsabilidad de los concesionarios y del Gobierno darles la dignidad que nuestro pueblo merece.

No pretendemos lesionar ningún derecho, pero las medidas reglamentarias, ya en estudio, harán lo necesario para salvaguardar el interés superior del país.

Satisface al Ejecutivo a mi cargo comprobar cómo el diálogo y el análisis franco de la realidad ha promovido una conciencia sobre los nuevos objetivos del desarrollo que cada vez comparten, más activamente, todos los sectores.”

La prensa que circulaba impresa formaba parte de los sectores invisibles del sistema político priista. La televisión apareció con programas de distracción, pero el poco espacio dedicado a la información no controlada preocupó al régimen autoritario. Echeverría hizo una maniobra en tres tiempos: controló a Emilio Azcárraga Milmo, el vicepresidente de la televisión privada Miguel Alemán Velasco fue designado asesor de medios del presidente de la República y subdirector de televisión de la oficina de prensa y Jacobo Zabludovsky pasó a ser el ministro de información del régimen priista.

“Al iniciar Echeverría su gobierno, en 1970, existían el Canal 8 (Televisión Independiente de México) del grupo industrial Alfa de Monterrey, Canal 13 (Corporación Mexicana de Radio y Televisión) de Francisco Aguirre y Alejo Peralta y Telesistema Mexicano (conformado desde 1955 por los canales 2 Televimex de Emilio Azcárraga, 4 Televisión de México de Rómulo O’Farrill y 5 Televisión González Camarena)”, recuerda Jorge Bravo en Proceso (13/7/2022). En 1972 Echeverria ejerció el poder para tomar el control del 13 y el Estado se convirtió en Estado-televisión. Salinas la privatizó y ahora la 4T pudiera estar dando pasos para regresar al Estado-televisión.

Con estas maniobras, Echeverría impidió que la televisión privada y todo su poder social –destruía con su programación nocturna lo que la educación construía durante el día, fue un criterio tomado de las corrientes educativas en ese entonces– pasara a formar parte de la oposición.

El modelo Echeverría de control de la televisión por el poder político de la información privada se enfila contra TV Azteca por la militancia opositora de su dueño y el cielo abierto de los programas digitales de opinión también militan en contra de las 4T, antes en nombre del pueblo y hoy de las audiencias,

La política no se crea ni se destruye, sino solo transforma sus mecanismos autoritarios.

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Política para dummies: la política es la misma gata y a veces sin revolcar.

carlosramirezh@elindependiente.mx

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