Alejandro de Anda
LO CLARO. En la Universidad Autónoma de Tamaulipas UAT, el programa “Yo Soy Correcaminos” fortalece la formación integral de los estudiantes de nuevo ingreso al incorporar el deporte, la cultura y las artes como herramientas de integración, bienestar, disciplina y desarrollo de talentos, ampliando la experiencia universitaria más allá de las aulas.
Esta visión genera además un efecto estratégico para Tamaulipas. Jóvenes con mayor sentido de pertenencia, capacidades sociales, hábitos saludables y formación multidisciplinaria representan mejores condiciones para construir capital humano competitivo, reducir la deserción y vincular el conocimiento universitario con las necesidades productivas de cada región.
Una universidad que forma profesionistas y, al mismo tiempo, desarrolla talento, liderazgo y cohesión social se convierte en uno de los principales motores para elevar la productividad, la innovación y el desarrollo económico del estado.
LO OSCURO. En febrero de 2026 conocimos de los therians. Adolescentes con máscaras, colas y movimientos de animales ocuparon durante semanas las redes sociales y terminaron convocando curiosos y medios en espacios públicos. Seis meses después, encontramos a otra generación adolescente “farmeando aura”. Dos jóvenes enfrentados mediante gestos, poses y actitud mientras los espectadores deciden quién proyecta mayor presencia.
Cambió la moda antes de terminar el año.
El dato relevante está lejos de las máscaras o los movimientos extravagantes. Está en la velocidad con que millones de jóvenes crean códigos, los convierten en pertenencia, los viralizan y después los desechan mientras los adultos apenas empiezan a entender de qué diablos estaban hablando.
México llegó a 2026 con alrededor de 110 millones de usuarios de internet y 99 millones de identidades activas en redes sociales. Entre los adolescentes mexicanos de 12 a 17 años la penetración de internet alcanza 95.1%. La discusión sobre si los jóvenes entrarían al mundo digital terminó hace tiempo. Prácticamente todos entraron. La discusión pendiente consiste en quién está educando durante las horas que pasan dentro.
UNICEF calcula que niñas, niños y adolescentes mexicanos permanecen conectados entre 2.6 y 4.5 horas diarias. Son entre 949 y 1,643 horas anuales. Llevado al calendario, representan entre 40 y 68 días completos de 24 horas cada año dentro del entorno digital.
El estudio Disrupting Harm México, realizado con adolescentes de 12 a 17 años, encontró que 61% considera saber más de internet que sus padres o cuidadores. 93% utiliza redes sociales semanalmente y una cuarta parte
participa en espacios digitales donde encuentra personas con intereses similares.
Y ahora aparece un nuevo lenguaje. Aura. Farmear. Rizz. Sigma. NPC. Delulu. Brainrot.
Para un adulto parecen ocurrencias lingüísticas. Para los grupos juveniles funcionan como mecanismos de identificación.
La American Psychological Association analizó en abril de 2026 esa función. La jerga adolescente sirve para construir identidad, pertenencia y fronteras entre quienes comprenden el código y quienes permanecen fuera.
El adulto pregunta qué significa y su pregunta acaba de identificarlo como extranjero.
La familia pierde parte de su condición de referencia exclusiva mientras aumenta la importancia del grupo, la aceptación y la mirada de los otros.
La tecnología agregó una modificación extraordinaria a ese proceso… convirtió la mirada de los demás en una cifra. Likes; seguidores, reproducciones.
La aprobación social adquirió marcador electrónico.
Por eso las batallas de aura tienen mayor contenido psicológico del que aparentan. Dos adolescentes colocan públicamente su imagen frente al grupo y éste determina quién posee mayor presencia, seguridad o dominio… “acumulan aura”. Compiten por reconocimiento.
El antiguo “quién soy” (Therian) se convierte a “¿cuánto valgo frente a los demás?” (Aura).
En Estados Unidos, 24% de los adolescentes declaraban estar conectados a internet “casi constantemente” en 2015. Para 2024 la proporción había llegado a 46%. Prácticamente se duplicó en nueve años.
La Organización Mundial de la Salud encontró otra señal. El uso problemático de redes sociales entre adolescentes estudiados en 44 países y regiones pasó de 7% en 2018 a 11% en 2022.
Lo que realmente nos importa… México.
En 2024, alrededor de 23% de los adolescentes usuarios de internet sufrió alguna forma de ciberacoso. Otro estudio presentado por UNICEF estimó que uno de cada ocho adolescentes mexicanos usuarios de internet, experimentó durante un año alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por tecnologías digitales. El 32% guardó silencio y menos del 1% de los incidentes llegó a conocimiento policial.
Desconocer el idioma digital en el cual un hijo expresa aceptación, exclusión, humillación, sexualización, miedo o solicitud de ayuda resulta serio.
El adolescente puede estar físicamente a metro y medio de sus padres y culturalmente conectado con comunidades situadas en cinco continentes.
El adulto conoce perfectamente dónde está su hijo. Pero cada vez posee menos herramientas para saber dónde está emocionalmente.
Con una penetración de internet superior a 95% entre adolescentes mexicanos, el crecimiento futuro difícilmente procederá de incorporar nuevos usuarios. El siguiente negocio está en incrementar intensidad, personalización y participación. Y culturas juveniles cada vez más cortas.
Aparecerá otra expresión con otro nombre, ritual y otro lenguaje que los adultos tardaremos algunas semanas en descubrir.
Llegarán los reportajes. Los padres escandalizados. Algún diputado encontrará oportunidad para presentar una iniciativa.
Y para entonces los adolescentes estarán mirando otra cosa.
Quizá estamos discutiendo el problema equivocado.
Durante generaciones la concepción conductual perteneció fundamentalmente a la familia, la escuela y la comunidad.
Hoy participan empresas cuyo modelo de negocio consiste precisamente en capturar atención, conocer comportamiento y convertirlo en valor comercial.
Cuando preguntamos qué significa therian o farmear aura, descubrimos sorprendidos que nuestros hijos hablan un idioma que apenas reconocemos.
El algoritmo educa la pertenencia.
COLOFÓN: Apenas nos enteramos que “bailar a Go-gó”, significaba una forma de bailar libre y sin coreografía rígida. Y ya nadie lo recuerda.
Ojalá y en el futuro se continúe la procreación humana por los mismos caminos conocidos.
@deandaalejandro.
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