INDICADOR POLITICO
Por Carlos Ramírez
Más allá de la coyuntura y de las circunstancias en los jaloneos hacia el interior de los diferentes grupos que configuran el bloque de la Cuarta Transformación (4T), el caso de Rubén Rocha Moya mostró en toda su crudeza de que en el 2000 y el 2018 no hubo una transición de sistema político y que las limitaciones económicas y sociales están acumulando las contradicciones propias del viejo régimen priista que se niega a transformarse.
Ahí se encuentra el problema de la República: en el 2000 no ocurrió una transición mexicana de un sistema político priista a la necesidad de un nuevo acuerdo institucional entre todas las fuerzas para construir nuevas reglas de definición de administración del poder político y para definir un nuevo modelo de desarrollo que rompiera el dique populista y neoliberal de tasas de crecimiento anuales menores a 2%.
A la presidenta Sheinbaum Pardo le están estallando en las manos las contradicciones de un modelo político sin consensos internos y con la búsqueda imposible de conciliación entre las tres corrientes ideológicas nacionales: el conservadurismo, el populismo y el neoliberalismo.
El propio modelo político de la 4T podría ilustrarse con la imagen del ornitorrinco (Jesús Silva Herzog Márquez), un animal que parece haber sido construido con partes de otros animales. La política económica de la 4T es neoliberal en tanto que está acotada por la estructura productiva del capitalismo de Estado y la ausencia de una planta productiva empresarial moderna, no se puede salir de la condicionalidad del Fondo Monetario Internacional de estabilización la macroeconómica centralizado en la lucha prioritaria contra la inflación y allí enfocando el problema sólo desde el punto de vista de la demanda y por lo tanto exige menos gasto público, bajo crecimiento económico y sacrificio salariales.
La ruta de escape de la 4T se localiza en una política de gasto público social en modo asistencialista, de sólo transferir recursos económicos directos a los sectores que ya no luchan por salarios para mejorar de sus condiciones de vida y tienen que aceptar los regalos del efectivo público, y con ese asistencialismo se desactiva la potencialidad que tiene la lucha por mejoras salariales aun con huelgas que a su vez se transforman en detonadores de modernizaciones.
La política asistencialista es la tercera etapa de lo que primero fue la política social o la infraestructura física y productiva para complementar y no sustituir las necesidades sociales: educación, vivienda, estímulos a la producción nacional de alimentos, política de precios para regular la lucha de clases por la riqueza, salarios que debieran ser constitucionalmente remuneradores y suficientes para las necesidades básicas de los trabajadores y además excedentes para ir escalando niveles sociales. La segunda se definió con subsidios ya no a las clases no propietarias, sino apenas a las más pobres y abandonadas. Y la tercera es dinero regalado a lo que se considera el ejército electoral de reserva.
El caso de Rocha Moya tiene doble origen: pacto con el crimen organizado para financiar al grupo en el poder y un distractor político y hasta circense que oculta el verdadero problema que está a punto de definirse en estos días: el programa económico para 2027 en sus dos instrumentos de crecimiento y desarrollo, los Criterios Generales de Política Económica y el Presupuesto de Egresos. Ahí se debe discutir el futuro de México y no en la narcopolítica que es un problema político grave y de seguridad nacional porque se está viviendo en México la acusación de que aquí hay un narcoEstado.
En su campaña y sobre todo en su primer discurso de toma de posesión, Andrés Manuel López Obrador anunció el fin del modelo económico neoliberal que se resumía en la estabilidad macroeconómica fondomonetarista como prioridad, pero no presentó modelo económico alternativo que considerara la reconstrucción del proyecto de desarrollo con la reorganización productiva indispensable: una planta industrial, agropecuaria y de servicios con una nueva clase empresarial más autónoma y moderna y clases obrera y campesina con mayor capacidad de productividad y lucha real y directa por la riqueza.
El modelo de desarrollo de la 4T es el neoliberal Tratado de Comercio Libre que firmó el presidente Carlos Salinas de Gortari para convertir la economía mexicana en el furgón de cola del capitalismo de confort de Estados Unidos y su 10% de clase privilegiada y no hubo un nuevo modelo de desarrollo con sectores productivos con mayor autonomía de clase.
En ese sentido, distraído el país con Rocha Moya y la presunta ruptura entre Sheinbaum/López Obrador, el gabinete económico anunciará otro año de continuidad neoliberal con la prioridad de lucha contra la inflación por el lado fondomonetarista de la demanda y el sacrificio del bienestar derivado de negociaciones sobre los patrones y salarios impuestos por el Estado y todo englobado en la meta de un PIB real de otro año menor a 2% y la expectativa para los próximos diez años de un pie promedio anual de 1.8% y disminuyendo.
El circo político está escondiendo el sacrificio real del bienestar.
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Política para dummies: La política debe ser producto de la lucha por la economía.
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