INDICADOR POLITICO
Por Carlos Ramírez
Las circunstancias políticas del calendario institucional refieren el inicio del segundo tercio del sexenio presidencial como el punto de partida de autonomía total del presidente en turno, porque cualquier cosa que ocurra durante los dos primeros años tendría que convocarse a nuevas elecciones.
Pero el sistema se protege a sí mismo. El presidente López Obrador inventó la revocación de mandato que estaría acotando los márgenes de maniobra del titular del Poder Ejecutivo federal después del segundo año con un mecanismo partidista que dependería a favor o en contra de la fuerza política del expresidente en turno.
Así que aún no se puede cantar victoria, aunque el actual sistema político vigente que es exactamente el mismo que inventó el PRI desde Plutarco Elías Calles como Partido Nacional Revolucionario le deja el presidente en turno márgenes de maniobra para iniciar en el tercer año un espacio de autonomía relativa.
Aunque por mandato constitucional la presidenta de la República debe de entregar su segundo informe de gobierno el 1 de septiembre en que se inicia el tercer año de la actual legislatura, el comienzo legal del tercer año presidencial sería el 1 de octubre.
La administración de la presidenta Sheinbaum termina su segundo año en medio de tensiones políticas, sociales, económicas, geopolíticas, partidistas y de liderazgo como pocas veces en la historia moderna de México. El punto central de estas inestabilidades que en algunos casos de acercan a las caracterizaciones de crisis de sistema y hasta crisis de régimen tiene que ver específicamente con el expresidente López Obrador: las acusaciones del presidente Trump sobre narcopolítica durante el sexenio pasado, las capturas, entregas y solicitudes de arrestos con fines de extradición de políticos señalados hasta ahora con vinculaciones con el cartel de Sinaloa, la supuesta/presunta/existente lista de narcopolíticos mexicanos del actual y el anterior gobierno que pululan en los pasillos del poder, la negociación que no es negociación del Tratado de Comercio Libre que en términos estrictos fue liquidado el día en que Trump regresó a los aranceles que había anulado como política comercial la Casa Blanca y el proceso de selección de candidatos a diputados locales, alcaldes, diputados federales y gobernadores.
La presidenta Sheinbaum van a entrar a uno de sus tiempos políticos más delicados y tensos por tres decisiones fuera de su control: el Tratado de Comercio que decidirá el presidente Trump en función de los intereses estadounidenses, el caso de Rubén Rocha Moya que tiene relaciones con la narcopolítica e involucra directamente al presidente López Obrador y el caso de Andy López Obrador sin visa estadunidense,
Además se enfrenta un ambiente nacional dominado de manera negativa por Morena y los hilos sueltos: la narcopolítica, la selección de candidatos que hasta ahora está en manos del expresidente López Obrador y la oposición a la espera de que la acumulación de errores desarticule la coalición dominante de Morena-Verde-PT y la interpretación política y social –ser real o mediática– de que la presidenta no tiene los hilos del poder en las manos.
En el clima mediático, dinamizado por las redes de amplificación digital, está apareciendo por primera vez una imagen de una coalición Morena arrinconada por problemas reales, de los cual es el más importante le ha reducido el margen de maniobra política al expresidente: la interpretación de que la cancelación de la visa a Andy sería el principio de una ofensiva de Estados Unidos en contra del expresidente López Obrador en materia de seguridad y narcopolítica, aunque con habilidad la presidenta Sheinbaum decidió o se vio obligada ganar tiempo cediendo espacios y decisiones a la seguridad nacional estadounidense para calmar las exigencias de la Casa Blanca.
La apuesta del Gobierno mexicano ha puesto todas sus fichas en el resultado electoral estadounidense el próximo primer martes de noviembre con la esperanza –que quisiera ser expectativa, para diferenciar sentimientos con tendencias– de que Trump pierda la mayoría legislativa y varios de sus candidatos a gobernador también sean derrotados. Pero la dinámica electoral estadounidense no se mueve por expectativas mexicanas e inclusive por razones muy especiales y en circunstancias particulares tampoco responden a las tendencias previsibles en contra de la mayoría en turno.
La presidenta Sheinbaum tiene todavía margen de maniobra, pero depende de su eficacia personal, de su capacidad de obligar a López Obrador a darle prioridad al proyecto de grupo por encima de su preocupación familiar y a un replanteamiento hasta ahora imposible o no esperando de la política económica y un nuevo modelo de desarrollo que abandone la tentación de reconstrucción estatista que la historia de México ha mostrado con fracasos en los últimos 50 años.
En síntesis, el principal problema de la presidenta Sheinbaum se llama Andrés Manuel López Obrador.
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