Que viva Victoria…

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Ya no eres tan joven, el paso de los años han dejado huella imborrable en tu piel, tu rostro muestra la madurez que da el tiempo aunque tu alma sigue siendo la misma, jovial llena de vitalidad, por eso eres de Tamaulipas la flor consentida a la que se le escribe con el corazón.

Hoy cumples 262 años, seguramente Don JOSE DE ESCANDON Y HELGUERA, Conde DE SIERRA GORDA, jamás se imagino verte crecer y convertirte en lo que hoy eres, la orgullosa y hermosa capital tamaulipeca.

Los que nacimos bajo tu cielo limpio, que dimos los primeros pasos en tu suelo seguro, y crecimos en el regazo de tu tranquilidad te sentimos nuestra y queremos que sigas con tu misma esencia, que el progreso tecnológico, científico, y social se note en tus venas pero que nunca trastoque tu belleza, la amabilidad de tu gente.

 Se añoran los tiempos pasados y sin embargo se suspira por el futuro, ver que harán de ti las nuevas generaciones, esperamos que corran con libertad tus parques, disfruten un atardecer en tus plazas, caminen despacio por sus avenidas, escuchen el trino de las aves y se refugien bajo la sobra de tus arboles, pero también deseamos verte altiva, curarte las heridas que te ha dejado el desamor de los que no te sienten suya, de los que no viven tus sueños, no sienten tu dolor y no disfrutan tu calma.

Sí señor, Ciudad Victoria hoy está de fiesta, las cosas han cambiado igual hay progreso pero también se ha perdido historia y tranquilidad, todavía se cuenta con gente de bien que a pesar de sus vicisitudes día a día se esfuerzan para que nuestra ciudad recupere el símbolo que nos distinguió por años, de una ciudad bella, una ciudad amable.

Y es que Ciudad Victoria ya no es aquella  con su mercado Arguelles, la Plaza de Los Fundadores que albergaba el edificio de la Cruz Roja, la placita 1 de Mayo con su kiosco y su mercadito multicomercial, la botica, la panadería, el Banrural, la sala de espera llena de gente y vendedores en la estación del ferrocarril, el silbato de la Comisión Federal de Electricidad al marcar el cuarto y la hora de las 7 de la mañana, doce del medio día y tres de la tarde, todo un espectáculo pintoresco donde no pasaba nada y se vivía de todo, que ya no tenemos, lo extrañamos, y mismamente ha sido suplido por otros acontecimientos.

La campanas de catedral llamando a misa los domingos, el hotel Palmas, el palacio de gobierno, tantos y tantos pasajes que se han perdido en el camino, en parte para dar paso a la modernidad y el desarrollo de la ciudad, cosa que es buena porque da progreso y nos hace competitivos, pero en otros casos por la irresponsabilidad, el olvido, de quienes han tenido la obligación de rescatar las cosas buenas de una gran capital para que las nuevas generaciones se sientan orgullosas de su legado.

Los niños victorenses no conocerán estos sitios llenos de historia, el mercado Arguelles que ha resistido el paso del tiempo no es nada atractivo aunque aún sigue de pie, la plaza fundadores que albergaba la Cruz Roja hoy luce vacía y hasta los cirios de sus fuentes olvidaron el bullicio, y ya no escucharon el sonar de las sirenas de las ambulancias prestas a atender cualquier llamado que en aquellos tiempos el más grave era para atender un accidente de bicicletas.

La plaza 1 de Mayo es testigo mudo del paso del tiempo, permanece vacía, casi sin vida ve pasar los días, sola con sus recuerdos, porque las nuevas generaciones ni la ven ni la conocen, mucho menos se imaginan que un día fue el centro de comercio urbano y rural de Victoria.

El edificio del Banco de Crédito Rural hoy tiene vida y movimiento aunque ya no ve pasar las transacciones comerciales ahora los créditos son para la salud.

En la estación del ferrocarril no se escuchan los gritos de los garroteros, la sala de espera permanece así, en espera, con esperanza de volver a tener vida aunque sea en otro sentido, las aves que anidan en sus viejas construcciones de madera y adobe aprovechan lo solitario del espacio porque hasta el escuadrón de la muerte se ha reducido, poco a poco han dejado este mundo, solo los fines de semana sonríe tenuemente al sentir el ir y venir de los comensales y comerciantes  frente a ella.

El palacio de gobierno sigue majestuoso, hoy con nueva imagen, ha sido restaurado en su totalidad y es el centro de la toma de decisiones, ya no alberga a todas sus dependencias, el Estado creció y las demandas de apoyos y servicios son muchas por lo que hoy se cuenta con dos modernas torres gubernamentales.

El silbato de la CFE no se escucha desde hace muchos años, murió al igual que el edificio que le daba vida.

Tampoco bebemos el agua pura de La Peñita, hoy Ciudad Victoria es otra, y quisiéramos decir que viva Victoria sí, pero también que viva su gente, su progreso, sus usos, costumbres, y todo lo bueno que una sociedad tiene derecho a disfrutar.

No se quiere vivir en el pasado, menos que la ciudad no avance, lo que se añora es la tranquilidad, la gente amable, la convivencia sana, el vivir en paz y armonía, cierto, hoy contamos con mayor y mejor infraestructura deportiva, cultural, medica, educativa, pero debemos preocuparnos por recuperar la esencia de nosotros, de nuestra ciudad.

La canción dice que tras la montaña se encuentra escondida, ojala ya no permaneciera oculta como si se avergonzara de sus últimos pasajes donde se ha sentido humillada, su cuerpo ultrajado, destrozada, su alma mancillada.

Es de Tamaulipas la flor consentida y se le canta con el corazón, con la ilusión de que ante las adversidades salga airosa a gritarle al mundo que es dueña de sí misma, que puede caminar libre, correr con su historia, elevar al cielo su victoria, que su gente cante con orgullo QUE VIVA VICTORIA… POR SIEMPRE GLORIOSA.

 

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