Clínica del ISSSTE entre el abandono y el olvido

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Quien ha transitado por la avenida Canales, a la altura de la calle José Arrese, puede apreciar un edificio con una fachada moderna, es la clínica del ISSSTE, que ofrece los servicios médicos a los trabajadores de la federación, agradable a la vista, por lo que hace pensar que al interior habrá tecnológica de punta al servicio de los derechohabientes, pero pasando tan solo unos metros de la puerta principal automática y del reloj checador de huella digital, la realidad es otra.

Aquellos que acuden a la consulta médica deben aguantar las carencias, no solo en infraestructura, sino medicinas y especialistas médicos, en sanitarios, cuando están abiertos, sin agua semi oscuros por la falta de lámparas al interior.

Un equipo médico limitado, por lo que enfermeras y médicos deben hacer milagros para brindar una buena atención, qué decir del área de laboratorios o rayos equis, en las que las fallas se presentan constantemente, por lo que aquellos pacientes que requieren esos análisis o exámenes deben esperar a que las piezas de los equipos sean reemplazadas y los aparatos sean reparados, para poder dar continuidad a su tratamiento.

Pero quienes padecen la peor parte son aquellos derechohabientes que requieren ser internados en las diversas áreas de la clínica, ya que las malas condiciones en las que se encuentran los viejos colchones hacen imposible un buen descanso, haciendo más difícil una recuperación.

Es tan mala las condiciones de los colchones que los pacientes deben descansar sintiendo las estructuras metálicas de la cama, mientras que sus acompañantes deben tratar de “ganar” una de las tan escasas pero solicitadas y sillas, algunas cuyo asiento es una tabla, que prácticamente se deshacen solas de tan malas las condiciones en las que se encuentran.

Al igual la falta de lámparas, ventanas en mal estado, lavamanos sin funcionar que están a punto de caer, por la falta de soportes, en los cuartos de los pacientes.

Al igual las mesas para alimentar a los enfermos son viejas con rodillos que tienen problemas para desplazarse, por lo que los jóvenes pasantes deben cargar para llevar de una cama a otra con el limitado equipo médico, que utilizan para la revisión que realiza en su recorrido el médico internista cada mañana.

Ir a los baños sanitarios, tanto pacientes como familiares acompañantes es otro suplicio ante la falta de agua, sanitarios que viven con problemas de drenaje, con puertas que no cierran con improvisados cordones de nylon para los pacientes puedan tener privacidad, regaderas en malas condiciones, plafones en malas condiciones, techos con muestras de filtraciones, ni que decir del área de lavanderías, cocina con aparatos que se caen de viejo, instalaciones que  más que una “manita de gato” requieren un zarpazo de león ante las malas condiciones en las que se encuentran.

Mientras que personal médico hace lo posible porque para los hospitalizados sea menos difícil su estancia, pese a las carencias que obliga a médicos y enfermeras a improvisar acciones, pero donde es imposible esa improvisación es el medicamento y exámenes, que en ocasiones familiares del paciente se ven en la necesidad de pagarlos de su bolso, para que puedan continuar con su recuperación.

Personal que no conocen lo que es un aguinaldo, todo por viejos líderes sindicales que negociaron ese recurso económico por un pavo, pero que ahora ni el pavo reciben en diciembre, jornadas laborales con bajos salarios, pero el amor a la profesión lo puede todo, en un edificio que al interior huele a viejo, luce viejo, pero ante los ojos de los matamorenses tiene una fachada que es solo eso una bonita fachada.