AL VUELO-Apología II

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Por Pegaso
Andaba yo volando allá, por el rumbo del centro de la ciudad, cerca de la calle Bravo, cuando al voltear hacia abajo ví algo que me dejó anonadado.

Y es que a escasas horas de darse a conocer el dramón de la recaptura de El Chapo con la colaboración de la actriz Kate del Castillo y la entrevista «periodística» de Sean Penn, el maestro Dalton Avalos ya sacó las piñatas de ambos personajes y las tiene en exhibición a la vista del público, afuera de su pequeño taller artesanal.

La piñatería Ramírez se ha convertido en una especie de medio de comunicación por derecho propio puesto que refleja de una manera peculiar los momentos más trascendentes de la vida nacional, como cuando elaboró la figura de Donald Trump, o la del jugador holandés que le metió un sospechoso penal a la selección en el pasado Mundial de futbol.

Pero volviendo al tema. La recaptura de El Chapo detonó todo una moda: La chapomanía.

En exclusivas tiendas de Los Angeles empezaron a venderse como pan caliente las camisas garigoleadas de color azul y blanco como la que usó el personaje en la entrevista que circuló a nivel mundial.

Hay psicólogos reconocidos analizando el por qué de la fascinación que ejerce El Chapo en el populacho.

Cómo se ha convertido en una especie de fantasía para millones de féminas, entre las cuales, por supuesto, está la actriz Kate del Castillo, protagonista de un churrote llamado La Reina del Sur.
El propio país del norte, Estados Unidos, se está encargando de convertirlo en una celebridad, como en su tiempo lo hizo con Pancho Villa.

Hay quienes comparan las dos fugas anteriores de El Chapo con las espectaculares evasiones de Chucho el Roto, etcétera, etcétera y etcétera.

En lo que respecta a Kate se sabe que no sólo nació en pañales de seda, sino que creció admirando a los bandidos que interpretaba su padre, Erick del Castillo.

Veamos algo de la cinematografía del recio actor mexicano: En las garras de la muerte, 100 kilos de plomo, Comando M-5, Angel de la noche, El zar del contrabando, Pánico en la frontera, El encabronado, Diamantes colombianos, Secuestro en Guerrero, El narco del año, Kilos de muerte, Era cabrón el muchacho y Rapto sangriento, por citar algunas de sus pelis más conocidas.

Ahora, en el ocaso de su vida, Erick se dedica a actuar en las novelas de Televisa, como El maleficio, El carruaje, Alondra, Más allá del puente, Duelo de Pasiones y La imperdonable.

No es de extrañar, entonces, que su hija admire a este tipo de personajes.

La adoración que siente Kate del Castillo hacia El Chapo fue ventilada ya por los medios de comunicación, los cuales reproducen mensajes de texto entre ambos.

Ahora sólo faltaría que la próxima noticia bomba es que salió embarazada, y entonces veremos si la piñatería Ramírez también hace la correspondiente piñata.

Hay quienes no distinguen el bien del mal. Está bien hacer una entrevista a un personaje tan polémico como El Chapo. Ya lo decía el viejo decrépito de Julio Scherer: «Si el diablo me concede una entrevista, iré hasta el infierno».

No faltaría quien dijera que Scherer era satánico por hacer apología del diablo, sino que un verdadero periodista se centra en los temas de interés general.

La entrevista que le hizo el director y actor de cine Sean Penn, por ejemplo, no es en realidad una entrevista, sino un guión. Puedo decir sin temor a equivocarme, que Sean Penn tiene de periodista lo que yo de bailarina de ballet.

Salvo algunos renglones que pueden considerarse interesantes, periodísticamente hablando, el resto de la entrevista cae en la clasificación de apología, es decir, la defensa de un delito o un delincuente.

Si yo, Pegaso, tuviera la oportunidad de entrevistar al Chapo, sólo le haría tres preguntas:
1.- Don Chapo, ¿qué se necesita para que termine toda esta ola de terror en México?

2.- ¿Por qué el uso de la violencia a grado casi inhumano?

3.- ¿Qué pasaría con ustedes si se legalizara el uso de la mariguana?

Creo que son algunas de las cuestiones que un verdadero periodista le haría a este polémico personaje.

Aquí los dejo con el dicho estilo Pegaso: «El comportamiento agresivo origina similares comportamientos». (La violencia engendra violencia).

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