Por Pegaso
Desde acá, desde mi nubecilla viajera veo los preparativos que se hacen para celebrar una vez más el tradicional Abrazo de la Amistad entre los alcaldes de Reynosa e Hidalgo, Texas, en las inmediaciones del puente internacional.
Ya por costumbre, exactamente a las nueve de la mañana la Presidenta Municipal de Reynosa, Maki Ortiz encabeza un nutrido contingente de personas entre las que se encuentran funcionarios públicos, líderes de organismos privados, asociaciones civiles y estudiantes, todos ellos precedidos por una banda de música y animadoras.
Por el lado norte del puente se acercan el Mayor de Hidalgo, Martín Cepeda, acompañado por varios centenares de ciudadanos, personas de la tercera edad, de los que llaman «winter tourists» o turistas invernales, y chavos de alguna institución educativa, también con sonoros instrumentos musicales.
A mitad del puente se encuentran, se suben a un entarimado y proceden a darse un efusivo y sincero abrazo, en medio de los flashes de las cámaras y el aplauso general.
Se acostumbra que ambos se intercambien regalos y luego den un mensaje. El Mayor de Hidalgo lo da en inglés y luego lo traduce en su español apochado.
De ahí se encaminan todos juntos al lado mexicano, siguen por la calle Zaragoza y llegan a la plaza principal Miguel Hidalgo, todo bajo los acordes de la banda de música.
Ya en el jardín público, el Ayuntamiento de Reynosa ofrece una calurosa recepción a los visitantes, con bocadillos para todos. Se presentan algunos grupos de baile folclórico y culmina el evento con el famoso «square dance», donde los viejitos gringos ejecutan magistralmente las pegajosas melodías folk.
Es algo digno de ver cómo aquellas venerables ancianitas hacen gala de gran energía y destreza. Se mueven acá y acullá con sus vestidos hampones de vistosos colores mientras que sus parejas las toman de la mano o la cintura, hacen círculos y van de un lado a otro de acuerdo a las instrucciones que les va dando el cantante.
Esta celebración forma parte de la festividad que se realiza todos los años en Hidalgo, Texas, conocida como Border Fest (Festival de la Frontera), y es un preámbulo a las fiestas de la Fundación de Reynosa que se efectúan alrededor del 14 de marzo.
Es lo más cercano que tenemos a un carnaval.
De acuerdo con la tradición cristiana, el carnaval es una fiesta que se celebra generalmente en el mes de febrero, tres días antes del inicio de la cuaresma.
Proviene del italiano carnevale, que significa “quitar la carne”, una especie de despedida a los alimentos que contienen carnes rojas antes de iniciar los ayunos y abstinencias propias de los siguientes 40 días, incluyendo los días de la Semana Santa.
En México los carnavales más famosos son los de Mazatlán, el cual se destaca por ser uno de los más antiguos, donde se corona a la reina en medio de una colorida fiesta, bailes, desfiles con carrozas alegóricas y conciertos. Se lleva a cabo entre el 23 y el 28 de febrero.
El de Veracruz es especialmente alegre, y es uno de los eventos más llamativos en nuestro país. Se hace la Quema del Mal Humor, se coronan a la Reina y al Rey Feo, y se hace el entierro de Juan Carnaval. Se celebra entre el 22 y el 28 de febrero.
El Carnaval de Campeche se realiza entre el 19 de enero y el 26 de febrero, el de Morelos entre el 26 de enero y el 19 de febrero, el de Mérida entre el 22 de febrero y el 1 de marzo, el de Huejotzingo, Puebla, entre el 25 y el 28 de febrero, el de Pinotepa de Don Luis, Oaxaca, durante el mes de febrero, el de San Juan Chamula, Chiapas, en febrero, el de Tlaxcala entre el 24 y el 28 de febrero, y el de Ensenada, Baja California, entre el 23 y el 28 de febrero.
En Tamaulipas se celebraron éste año dos carnavales, el de Tampico y el de Ciudad Victoria, pero aún son muy bisoños y no llegan al esplendor de las festividades de Mazatlán o Veracruz, mucho menos al de Río de Janeiro, Brasil.
En aquel país sudamericano se desborda realmente la alegría y llega a ser un atractivo turístico internacional.
Los cariocas, con mucho tiempo de anticipación se preparan con vistosas vestimentas, brillantes carros alegóricos, escuelas de zamba y cuerpos bronceados que no dejan nada a la imaginación.
Carnaval también ha llegado a ser sinónimo de “destrampe” antes de entrar al período que se supone de purificación durante la Semana Santa.
Pero la verdad es que la raza espera con ansias la llegada de ésta temporada, luego del crudo invierno, para irse a los principales destinos turísticos de playa a gozar de la vida, tomarse sus chelas y tirarse con la barriga para arriba en la playa y tomar el rico sol primaveral.
Mientras tanto, en las iglesias los párrocos se desgañitan llamando a los fieles a que hagan ayuno para que puedan alcanzar la salvación de sus almas.
Hace algunos años le comentaba a mi amigo, el veracruzano de Pittsburg, Patrick Blueberry Sundays (Patricio Mora Domínguez), que sería muy bueno que la comunidad veracruzana, por ser tan alegre y bullanguera, trajera a Reynosa un verdadero carnaval.
Al menos en una ocasión, que yo recuerde, hizo el intento de traer unas comparsas y chimichangas a Jarachina, pero no cuajó la iniciativa porque la mayoría de los jarochos ya se regularizaron como fronterizos y han dejado atrás sus costumbres.
En fin, aún no tenemos carnaval en Reynosa, pero les recomiendo participar en el evento que se celebrará esta mañana con el abrazo de los alcaldes, preámbulo de las festividades de la fundación de ésta pujante y progresista ciudad.
El refrán estilo Pegaso dice así: “En el territorio hacia el cual te diriges debes realizar las acciones que percibes con los órganos de la visión”. (A la tierra que fueres, haz lo que vieres).

