Por Pegaso
Eran las seis de la tarde pasaditas.
En la redacción del periódico El Vespertino se recibió una llamada urgente: dos vehículos habían chocado, uno de los choferes murió y el otro estaba gravemente herido.
El jefe de redacción llamó a su reportero estrella y lo envió al lugar de los hechos: boulevard Morelos con avenida Alvaro Obregón, bajo el “Puente de la Muerte”.
Raudo y veloz, Eliazar Garza Aguilar, “El Gordo Tobías” se dirigió al lugar acompañado por su inefable fotógrafo Javier Jaramillo,.
Llegaron, se bajaron del auto y preguntaron al agente de tránsito cuál era la situación.
Efectivamente, media hora antes habían colisionado dos camiones, uno de carga y el otro de mudanzas; el de mudanzas no había hecho el alto al entrar al boulevard y fue impactado brutalmente, arrastrado por más de veinte metros y finalmente, volcado sobre el asfalto.
Ahí estaban los hierros retorcidos, ahí el cuerpo inerte de un desafortunado chofer y el otro, en estado agonizante.
Impulsado por su gran sentido periodístico y su pragmatismo, “El Gordo Tobías” cruzó el perímetro de seguridad que habían colocado los cumplidos agentes viales y le pregunta al moribundo: “¿Cómo sucedieron los hechos? ¿A qué se debió el accidente? ¿Quién tuvo la culpa?”
El infeliz sólo alcanzó a emitir un suspiro, puso los ojos en blanco y finalmente, entregó el equipo, dejando al reportero con la pluma lista y la libreta en blanco.


