Por Pegaso
Andaba yo volando allá, entre las frías nubes otoñales, cuando recibí un correo electrónico de mi amigo el Subcomandante Insurgente Moisés, del Frente Zapatista de Liberación Nacional, donde me invitaba a participar en lo que llaman «Las y los Zapatistas y la Conciencia por la Humanidad», evento que se celebrará en el CIDESI-Uni Tierra de San Juan de las Casas, Chiapas, del 25 de diciembre de éste año al 4 de enero del 2017.
Me quedé perplejo, anonadado y patidifuso al ver el cambio radical que ha tenido ese movimiento desde que se inició, allá por el año 1994, en respuesta a la agresiva política globalizadora de Carlos Salinas de Gortari.
El EZNL nació el primero de enero de ese año, el mismo en que se ponía en marcha el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.
Inició como una organización de carácter político libertaria inspirada en las ideas de Emiliano Zapata, pero también adoptaba posturas marxistas y del socialismo libertario, con una estructura militar de guerrilla.
Decía entonces otro de mis grandes cuates, el Subcomandante Marcos cuando se le preguntaba sobre los objetivos de esa agrupación: «¿La toma del poder? No, apenas algo más difícil: Un mundo nuevo». Y en la Declaración de la Selva Lacandona se leía: «Luchar por trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz… Lograr el cumplimiento de estas demandas básicas de nuestro pueblo formando un gobierno de nuestro país libre y democrático». (Todas son citas de Wikipedia, por aquello de los derechos de autor).
Yo recuerdo que en aquellos tiempos se decía que la situación sociopolítica en Chiapas era muy similar a la que existía en el resto del país durante el porfiriato y que esto obligó a los indígenas a levantarse en armas.
En las primeras sesiones fotográficas que aparecieron en los medios nacionales se veían personas de varias etnias portando carabinas de madera hechizas, con pasamontañas como distintivo, y al frente, el famoso Subcomandante Marcos, con pipa y gorrita de tela tipo Ché Guevara con una estrellita roja al frente.
Ahora el EZLN ha virado sus objetivos. Se nota, por la información que me fue hecha llegar, que ahora están tirando más hacia la cuestión del desarrollo del conocimiento y la técnica, que a echar balazos.
Aunque prevalecen las condiciones de brutal desigualdad social en la mayor parte de la geografía nacional y se puede decir que estamos mucho peor que en 1994, el zapatismo ha pasado a formar parte del folclore nacional, más que una verdadera fuerza de oposición al régimen.
Y bajo todo este contexto, sacan una convocatoria para que científicos de todo el mundo vayan a dictar sus conferencias magistrales ante un abigarrado grupo de tzeltales, tzotziles, tojolobales y choles.
Ya me imagino a uno de aquellos humildes indígenas preguntando a un flemático científico inglés: «Oiga, su mercé, ¿qué quere decir eso de fisiología y biofísica de células excitables?»
Porque, de acuerdo con el comunicado del Subcomandante Moisés, al evento están invitados especialistas de Alemania, Canadá, Chile, Estados Unidos, España, Israel, Paraguay, Reino Unido, Uruguay, Brasil y México.
Entre otros temas que se van a desarrollar, en formato de conferencias, están: Teoría de los campos cuánticos, Matemáticas, Vulcanología, Astrofísica, Astronomía, Cosmología, Fisión Nuclear, Genética, Microbiología, Geofísica, Física Estadística, Biología Evolutiva, Fotoquímica Solar, Mutagénesis y contaminación ambiental, Genómica de microorganismos, Sistemas Complejos, Investigación Biomédica, Energías renovables y otra veintena de rimbombantes títulos que ni en su vida los habían escuchado mencionar los humildes habitantes de la selva lacandona.
«Como alumno/as asistirán 200 mujeres, hombres, niños y ancianos, bases de apoyo zapatistas de las lenguas Tzeltal, Tzoltil, Tojolobal, Chol, Zoque, Mame y mestizo. Los y las alumnas zapatistas serán los únicos y las únicas que podrán interpelar a las científicas y los científicos ponentes»,-dice la invitación.
No encuentro yo cómo pueden aprovechar todo ese conocimiento las comunidades indígenas del sur del país, si apenas tienen para mal comer, mucho menos para tener una buena educación, ya no se diga universitaria, ¡primaria!
Es poco probable que después de la serie de conferencias se encuentren en una vereda un tzoltzil y un tojolobal e inicien una conversación de éste tipo:
-La conferencia magistral de herr Jürgen Kurths sobre la Teoría de Cuerdas me pareció extremadamente compleja, sin embargo, es de suponer que coadyuve en la comprensión de fenómenos astrofísicos hasta ahora desconocidos.
-Por supuesto, colega, es ese uno de los campos de investigación más prometedores, pero además, podría ampliar nuestra visión y comprensión del Universo.
Más verosímil será escuchar lo siguiente:
-¿Ollites, tú? Quezque agujeros de gusano, quesque masa, quesque cuerdas… Yo mejor mi voy pa´ la milpa que es donde saco pa’ tragar.
Pienso que los científicos que aceptaron participar lo hacen más bien para darse un relax y echar una turisteada por los encantadores y pintorescos paisajes de Chiapas, más que para aportar sus avanzados conocimientos a una masa ignorante.
Por supuesto que no estoy cuestionando la inteligencia de nuestros sufridos indígenas, porque recordemos que son descendientes directos de las avanzadas culturas mesoamericanas, como la maya, la tolteca y la mexica, pero a final de cuentas son víctimas de tantos siglos de represión y explotación, lo que a la postre los mantiene sumidos en la ignorancia y la pobreza extremas.
Ese tipo de convenciones más bien deben ser organizadas por fundaciones nacionales o por el propio gobierno para que especialistas de cada rama puedan tener contacto e intercambiar ideas con sus pares de otros países.
Aquí nos quedamos con el dicho mexicano estilo Pegaso: «No puede atribuirse culpabilidad al indígena, pero sí al individuo que establece con él un lazo de compadrazgo». (No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre».


