AL VUELO-Guerra

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Por Pegaso

Anoche, dormido en mi mullida cama de nubes, tuve un sueño muy parecido al de Sara Connor en la película Terminator, donde una bomba nuclear estalla en pleno centro de Los Angeles quemando y destruyendo todo a varias decenas de kilómetros de distancia.

Y es que me quedé con la noticia de los atentados terroristas a Francia y la respuesta bélica en contra de emplazamientos del grupo denominado Estado Islámico.

Las historia nos debe enseñar que por algo menos que eso se iniciaron la primera y segunda guerra mundial.

El detonante (casus belli) de la primera gran guerra fue el asesinato del archiduque de Austria, Francisco Fernando, en Sarajevo, el 28 de junio de 1914 a manos de un nacionalista serbio ligado a un grupo nacionalista llamado «Mano Negra».

El conflicto tuvo un saldo de casi 40 millones de muertos.

Por otra parte, en 1939 se inició la Segunda Guerra Mundial, cuando la Alemania nazi invadió Polonia con el propósito de aumentar su territorio y fundar un nuevo imperio en Europa.

Fue el conflicto más mortífero que ha tenido la humanidad, estimándose en 70 millones de víctimas.

Perdonen mis dos o tres lectores si esta vez me pongo algo tétrico, pero es preocupante observar lo que ocurre en el mundo, donde basta una pequeña chispa para encender una hoguera.

En Terminator, el conflicto entre hombres y máquinas fue llamado la Guerra del Juicio Final.

Escenas del bombardeo de Francia al emplazamiento sirio del Estado Islámico me recordó también escenas de la Guerra de las Galaxias.

Hay un video donde se muestra el uso de armas ultrasofisticadas, con una especie de láser barriendo un edificio.

Espanta imaginar las posibles repercusiones de una guerra que se puede extender no sólo al Medio Oriente o Europa, sino a todo el mundo, México incluido.

Siempre he pensado que la próxima gran guerra será por motivos religiosos.

Los países islámicos tienen siglos con su yihad o guerra santa porque su religión, aún más misógina que la católica, así se los exige.

El terrorismo ha sido su forma de lucha, y ha servido hasta ahora como pretexto para que potencias como los Estados Unidos, lleven la guerra hasta esos alejados parajes.

No me lo crean, pero se dice por ahí que en realidad todo es un teatro bien montado por los gringos para elevar el precio del petróleo, actualmente por los suelos.

Resulta que cada conflicto provoca un crecimiento en la demanda del crudo y sus derivados, por consiguiente, un aumento en su precio.

Así se vuelve a estabilizar la economía mundial.

Me da jaqueca ver cómo el mundo occidental ha respondido indignado (hay que incluir a nuestro país) por el ataque terrorista a Francia.

México no debe sentir simpatía hacia una potencia que en el pasado no se tentó el corazón para invadirnos, en aquel famoso episodio denominado Intervención Francesa.

Veo que muchas personas, en su perfil de Facebook, ponen como fondo de pantalla la bandera francesa.

Es la forma en que nos preparan psicológicamente para justificar un ataque masivo a países sumamente pobres, como Siria, dominados por sultanes y jeques asquerosamente ricos, financiadores de células terroristas.

Las agencias de inteligencia de los países occidentales están en alerta roja. Cada movimiento ahora será sospechoso y el espionaje estará a la orden del día tanto en Internet como en las redes de telefonía celular.

El futuro nos alcanza y teorías de conspiración como Echelon se hacen tangibles.

Aquí está, pues, el refrán estilo Pegaso: «En cualquier conflicto bélico, al igual que en el apego amoroso, es válido cualquier recurso». (En la guerra y en el amor todo se vale).

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