Por Pegaso
Andaba yo ayer volando entre algodonosas nubes allí, cerca de la plaza principal Miguel Hidalgo, disfrazado de helicóptero para despistar al enemigo, cuando ví a un grupo de camarógrafos y reporteros colocados ordenadamente alrededor de un camión de bomberos, tome y tome fotos para sus respectivos medios de comunicación.
Y vi también cómo llegaron hasta ese lugar el alcalde Pepe Elías y su esposa Elvira, acompañando a dos pequeños héroes de la vida real, Juan de Dios, de 10 años y Josué Omar, de 9, ambos, diagnosticados con cáncer.
Y observé cómo los fotógrafos tomaban las instantáneas que publican el día de hoy en los periódicos y medios electrónicos.
Y pensando en lo que acababa de ver remonté nuevamente el vuelo, con mil y un pensamientos encontrados sobre lo que acababa de ver.
Y me dije a mí mismo: Pegaso, hay situaciones que realmente te arrugan el corazón.
Y muchas veces nos quejamos porque la situación económica del país está muy dura, o porque no nos alcanza para pagar la luz, o porque no tenemos el iPhone 6, o porque no ganó nuestro equipo favorito de futbol.
Y estos niños, a tan tierna edad, cargan con un pesado lastre que, irremediablemente, los llevará a un triste fin.
Y pienso en cómo serán sus vidas cotidianas, requiriendo la atención de sus padres prácticamente a todas horas del día.
Y pienso en que nunca tendrán una vida como la de cualquier otro niño, porque si llegan a mezclarse con otros infantes, la crueldad innata de ellos los hará sufrir aún más.
Y qué bueno que una autoridad les cumpla sus sueños de ser bomberos por un día, de ser héroes al menos en su precoz imaginación.
Y me enternece ver sus rostros desfigurados por la enfermedad, donde pude distinguir un brillo de alegría, al menos por unos instantes.
Y cuando subieron al carro de bomberos, ataviados con sus cascos y chaquetones, tal vez se imaginaron combatiendo un voraz incendio, salvando vidas.
Y tuve la oportunidad de dialogar brevemente con Pepe Elías.
Y pude comprobar que se trata de una persona sensible.
Y con este pensamiento me retiré del lugar, con la mente enredada en mil ideas contradictorias.
Y quiero que estas líneas sean un homenaje a éstos héroes y sus familias, porque sé lo difícil y desgastante que resulta atender a personas con necesidades muy especiales, y más cuando se trata de niños pequeños, como Juan de Dios y Josué Omar.
A continuación, no un dicho, sino una frase que vi en una barda de una concurrida avenida: «Sobran humanos, pero falta Humanidad».

