AL VUELO-Los de abajo

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Por Pegaso

No se trata de la novela de mariano Azuela, lo que pasa es que andaba yo volando acá y acullá, como es mi costumbre, observando de primera mano lo que pasa en nuestra ciudad. De esa manera pude apreciar lo que ocurre debajo del puente vehicular que cruza el canal Anzaldúas, a la altura de la calle San Luis.

Allí viven hacinados algunos pordioseros, limpiavidrios y prostitutas en condiciones francamente inhumanas.

Basta echar una ojeada durante el día para ver algún colchón viejo, cartones tendidos en el piso, bolsas con algún inhalante seco, botellas de cerveza y excremento.

El olor es insoportable porque ahí realizan todas sus necesidades estos cavernícolas modernos.

Es por la noche, luego de realizar sus actividades normales cuando se concentran en esos lugares.

Me imagino que las condiciones de salud son de lo más insalubres, y muchos de ellos tal vez padecen tuberculosisi o algunas otras enfermedades cutáneas, gastrointestinales y respiratorias.

Todos los días utilizamos las avenidas que cruzan el canal, pero pocos saben de las precarias condiciones en que viven estas personas.

Se trata, por supuesto, de muchachos que fueron alguna vez niños de la calle, expulsados de sus familias por problemas de violencia, que han hallado en sus semejantes un poco de consuelo para su triste destino.

Los de abajo, literalmente hablando, saltan de repente sobre nuestros autos para limpiar el parabrisas.

Lo más común es que el conductor les haga una señal enérgica para que no lo hagan, pero ellos hacen caso omiso y proceden a aplicar la solución jabonosa que después retiran con una espátula de goma.

-Lo que pueda darme, apá,-es lo que dicen después de proporcionar el «servicio».
No creo que saquen mucho dinero en esta actividad, quizás cien o doscientos pesos diarios, los cuales destinan a la compra de alcohol, inhalantes o «tachas», única forma de escapar de su triste realidad.

Aquí los dejo con el dicho pegasiano: «Merece conmiseración la persona desheredada, ya que padece de estrecheces en cada lugar y ocasión en que se encuentra». (Pobre del pobre que al cielo no va, lo chingan aquí y lo chingan allá).

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