AL VUELO-Masiosare

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Por Pegaso

Andaba yo un día volando allí, sobre la plaza principal Miguel Hidalgo, conocida también como «el corazón de Reynosa», viendo cómo se hacían los preparativos para la realización de un acto cívico de esos que te ponen la piel chinita cuando se entona nuestro glorioso himno nacional.
Y aunque yo soy un pegaso de origen griego, me siento más mexicano que el mole poblano con ajonjolí o las tortas de tamal que se venden en la capirucha.

Pues bien, pensando un poco para mí mismo me pregunté: «Pegaso, ¿por qué si México es un país que siempre se ha caracterizado por ser pacifista tiene un himno nacional tan inclinado a la belicosidad?»

Nuestro himno se elaboró desde 1854, pero fue casi un siglo después, cuando el entonces Presidente de la República Manuel Avila Camacho emitió un decreto, que se hizo oficial.

La letra es de Francisco González Bocanegra y la música de Jaime Nunó.
«¡Guerra, guerra sin tregua al que intente, de la patria manchar los blasones!»,-dice una de las estrofas.

El Himno Nacional, por supuesto, es completamente contradictorio a otra tradición que se origina desde que Benito Juárez fue Presidente de México y que se resume en su famosa frase: «Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz».

Décadas después, durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales, México confirmó su vocación pacifista y de no intervención. De hecho, en la Segunda Guerra sólo envió a un modesto grupo de naves aéreas conocido como Escuadrón 201.

Entonces, si México es pacifista, ¿por qué aún tiene un himno belicoso?
Cuando se canta la estrofa: «Más si osare un extraño enemigo, profanar con su planta tu suelo, ¡Piensa, oh, Patria querida! que el cielo un soldado en cada hijo te dio»,- muchos se preguntan: «¿Y quién chingaos es ese Masiosare?»

Bueno, Masiosare es todo aquel enemigo que va contra los más elevados intereses de la patria, desde invasores extranjeros hasta compañías transnacionales que quieren chupar nuestras riquezas, desde los narcotraficantes que tienen aterrorizada a la población, hasta ciudadanos que tiran basura en las calles y que se pasan el alto en las avenidas.

Todo aquel o aquello que daña al país es un Masiosare.
Por eso yo, Pegaso, en pleno goce de mis facultades físicas y mentales, con domicilio para recibir notificaciones en este chirris espacio periodístico, en virtud de que el Himno Nacional constituye a estas alturas una pieza más de museo, propongo lo siguiente:

a).- Que se quite la letra de González Bocanegra y que quede sólo la música de Nunó, tocada por la Orquesta Sinfónica Nacional.

b).- Que se decrete como segundo himno el Huapango de Moncayo, monumental obra maestra reconocida en todos los rincones del mundo, en lugar de El Son de la Negra.

Este decreto tendrá vigencia a partir de su publicación en el Diario Oficial de la Federación.
Ahora viene el refrán estilo Pegaso: «Es común que en la morada del artesano que se dedica al beneficio y transformación del metal, exista una herramienta para excavar la tierra elaborada con madera». (En la casa del herrero, azadón de palo).

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