AL VUELO-Muertos

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Por Pegaso
Andaba yo volando allá, sobre los panteones municipales «Sagrado Corazón», «Guadalupano» y Protecto Deco» donde ya está todo preparado para la romería que es la celebración de los dos días de muertos, el de «Todos los Santos» y el de los «Fieles Difuntos», o sea, el de los «muertos chiquitos» y el de los «muertos grandotes», como dicen las beatas.

Y es que la celebración a los muertos es una tradición que los mexicanos la traemos en la sangre.

Desde la época prehispánica nuestros ancestros mantenían elaborados rituales para tener contento a su dios Mictlantecuhtli.

La tradición pasó a nosotros como sincretismo, como fusión de dos culturas, la española, que traía también influencias árabes y judías, y la azteca.

Esta celebración se considera la más importante del pueblo mexicano, por arriba de la Navidad o el Halloween. La creencia popular es que las almas de los muertos tienen una especie de permiso para regresar durante esos dos días.

Por ese motivo se elaboran los altares de muertos en cada casa, de acuerdo a los usos y costumbres de cada pueblo o influso, de cada familia.

Pero en términos generales, éste consiste en una ofrenda de comida, frutas y verduras, hornamentada con flores de zempazúchitl y mano de león, calaveritas de dulce con el nombre del dijunto y el tradicional pan de muerto que los vivos se comen con un rico chocolatito de molinillo.

Otra costumbre inveterada es la colocación de velitas sobre las tumbas de sus familiares fallecidos como una manera de guiarlos camino a casa.

Esa práctica es más común hacia el centro y sur del país porque aquí yo no he visto que nadie ponga velas en los panteones.

¿Y qué decir de las «catrinas»?

Fue el caricaturista Guadalupe Posadas el que popularizó la imagen de la muerte vestida como una pomadosa dama de alta sociedad de la época virreynal.

Ya que el mexicano es muy afecto a burlarse de todo, incluyendo la muerte, se ha convertido en todo un arte la elaboración de «calaveras» para satirizar a encumbrados políticos y personajes de la vida artística, deportiva y cultural del país.

Por ahí me encontré ésta que está dedicada a nuestro sagaz y astuto Presidente de la República, Enrique Peña Nieto:

Buscando estaba la muerte
a quien llevarse al panteón;
se decidió por el presidente
por ser un burro orejón.

La muerte estaba segura,
Peña era el indicado
trabalenguas y errores
ya lo habían evidenciado.

Anunciado estaba su fin
y Peña se preocupó
la biblia quizo leer
pero hasta eso olvidó.

Esperanzado hizo otro intento
y pidió ayuda a la Gaviota,
pero ni ella con su talento
lo salvo de ser idiota.

Peña muy desesperado
a su hija recurrió
y esa niña caprichosa
como plebe lo trató.

Pobre Peña, ha muerto
ya lo llevan a enterrar
ni con fraude ni con reformas
nadie lo pudo salvar.
Peña Nieto ya murió
Elba Esther lo envenenó,
La Gaviota le lloró
cuatro cirios le quemó.
La Calaca lo llevó,
el Magisterio aplaudió,
la Reforma se olvidó
y el bloqueo terminó.

Buscando en las redes sociales también me encontré una calaverilla, pero no dice el autor.
Si alguien llega a saberlo, me lo dice por favor (salió verso sin esfuerzo).
(Autor desconocido).

No vuelej tanto, Pegajo,
porque te puedej marear,
y de tanto maromear
quedaráj como un gargajo.
Joy un rayo de ejperanza,
nadie lo puede dudar,
y aunque te duela la panza
vaj a tener que aguantar
puej llegando a prejidente
ya veráj lo que je jiente
cuando te mande a pajear.

Por eso, he aquí el refrán estilo Pegaso: «¡Realizas la acción de mostrar las piezas dentales delante de mi persona!». (¡Me pelas los dientes!).

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