Por Pegaso
Andaba yo volando allá, entre las frías nubes invernales, en espera de la tormenta invernal que dicen que arribará el próximo fin de semana, así que empecé a sacar los cobertores, el calentador, mi pijama de rayitas y mis tobitines para dormir calientito, calientito.
Y pensando sobre el tema que pergeñaría para esta fútil columna, empecé a elucubrar sobre la idiosincracia de nosotros, los mexicanos.
Porque han de saber que los mexicanos somos únicos en el Mundo, y tal vez en el Universo en cuanto a la forma tan ingeniosa de utilizar nuestro lenguaje.
El mexicano gusta de utilizar palabras multifuncionales, es decir, una sola palabra quiere decir muchas cosas.
Es tan florido el lenguaje del mexicano que incluso existen propuestas para declararlo Patrimonio de la Humanidad.
Veamos algunos ejemplos.
La palabra pedo, que hasta hace poco tiempo era tabú decirla en público y en voz alta, ahora es un término que abarca una amplia gama de significados.
-¡Qué pedo!-le dice un sujeto a otro cuando se le enfrenta para aclarar una situación de conflicto.
-¡No hay pedo!-responde el aludido para decir que no hay problema alguno.
-Oye, ¿qué pedo hay aquí?: Significa: ¿Qué problema hay aquí?)
-No la hagas de pedo: Quiere decir: No provoques problemas.
-Este pedo está difícil: Esta situación es difícil.
-Ando bien pedo: Estoy muy borracho.
-Me traen al puro pedo: Me traen muy apurado.
Hay otros términos multifuncionales que forman parte de la escatología verbal del mexicano como la palabra madre:
-¡Chinga a tu madre!: Es una frase que se utiliza para expresar enojo en contra de un tercero. Es la máxima ofensa que puede dar o recibir un mexicano. El emisor descarga así un sentimiento de odio contenido y lo hace explotar en esta frase lapidaria. El receptor se queda con una gran ofensa que tiene que ser subsanada de manera inmediata, ya sea con violencia o con alguna otra ingeniosa frase que contrarreste los efectos de ésta).
-Me vale madre: No me importa.
-¿Qué madres es esto?: ¿Qué cosa es esto?
-¡Valiendo madre!: Frase que se dice generalmente cuando algo no sale como lo habíamos planeado.
Y la palabra chingar:
-Tengo un chingo de prisa: Tengo mucha prisa.
-Te vendo esta chingadera: Te vendo esta cosa.
-¡Son chingaderas!: Es algo que no puedo aceptar porque me perjudica.
-¡Ah, chingao!: Expresión de asombro.
El mexicano, en su florido lenguaje, expresa los más encontrados sentimientos. Puede sentir una ira intensa y desquitarla sólo con algunas palabras.
Esas palabras son como una especie de catarsis, de válvula de escape que le hacen sentir mucho mejor, ante una ofensa o situación que le provoca ansiedad, malestar, coraje o frustración.
Antes eran patrimonio exclusivo de los varones, pero en las últimas décadas las dulces y delicadas féminas se las han apropiado. Ahora, muchas mujeres hacen gala de un lenguaje que envidiaría cualquier carretonero.
Para nutrir su exquisito léxico acostumbrar ir a los shows de Polo Polo, Jo-Jo-Jorge Falcón y la India Yuridia.
No falta, cuando vas en tu auto y pretendes adelantarte a la dama que va en el otro carril, que recibas un ramillete de ingeniosas y picantes frases.
La esgrima verbal del mexicano se evidencía aún más cuando se trata de los albures: «Ahí nos huevos, de todos mocos yo te echo un telefonazo».
Le dice un albañil a otro:
-Oiga, compadre, ¿cómo está su hermana?
-¿Cuál de todas? ¿La pelona, la cabezona o la peluda?
-Ahora sí, ya me la pusiste dura.
-Pues siéntese, no se vaya a desmayar.
-Pero tu hermana me cura.
-Barbas tengas en la abertura.
-Me pegas.
-En las nalgas.
-No salgas, yo te chiflo.
-Chíflame en este.
-En la lumbre se te tueste.
-No lo tustes, cómetelo crudo.
Y ahora, el dicho estilo pegaso: «En este lugar, la persona que cuenta con menos piezas dentales suele macerar barras de hierro utilizadas para construir las vías del ferrocarril». (Aquí, el más chimuelo masca rieles).


