Por Pegaso
Andaba yo volando bajo sobre la plaza principal Miguel Hidalgo, «el Corazón de Reynosa», tratando de evitar las palmeras y las cámaras de videovigilancia sólo para dar fé de las peripecias que tuvo que hacer mi buen amigo Alejandro Alonso Rico para buscar el apoyo de la raza periodiquera y convertirse en el nuevo presidente de la Unión de Periodistas Democráticos de Reynosa.
Iba, venía, volvía a ir y volvía a venir con su libreta en mano, buscando levantar firmas que lo avalen para ese tan honorable puesto.
Yo mismo, Pegaso, he sido presidente en una ocasión de la benemérita agrupación de picateclas.
Alejandro Alonso Rico combina los quehaceres del periodismo con su chamba de payasito.
Su nombre artístico es Campanino.
Así lo conocemos todos en el medio y además, a cada momento lo refrenda con ese característico buen humor.
Algunos acostumbramos bromear a sus expensas: «Campanino, el único payasito que hace llorar a los niños»,-le decimos, y él nos devuelve una sonrisa bonachona.
Recordando mis ya lejanos días de la infancia quiero decirles que los payasos han sido casi una constante en mi vida.
Desde aquellas ocasiones en que un pequeño circo se instalaba en el patio de mi casa, allá, en la colonia El Chaparral hasta las películas de terror que intentan demeritar la imagen de los mimos.
En el mencionado circo se presentaban dos niños payasitos chilangos: PetrushKa y Casianito.
Empezaban casi siempre su rutina con una pegajosa canción.
Empezaba Petrushka: «Tuve un amor», y le contestaba el tal Casianito: «Un amor tuve»; «Allá por te pito/ yo te pito por detrás…» En este punto Casianito sacaba una corneta y la tocaba cerca del trasero de su compañera, arrancando casi siempre una carcajada entre el venerable público que, por regla general, era muy escaso.
Más adelante, cuando estaba en la secundaria uno, José de Escandón, me tocó un maestro de inglés, José Omar Huitrón Calderón, quien además trabajaba como payaso. La Negra, le decían, porque solía presentarse en la plaza de toros Reynosa vestido de negrita, haciendo suertes con las vaquillas.
Encabezaba una organización local que no recuerdo cómo se llamaba, pero que, con el paso del tiempo y asociándose con sus similares de la capital regiomontana, dieron en llamarse Payasos Unicos de Monterrey y Reynosa (PUMYR).
El profe Huitrón, entre clase y clase, nos hacía saber que en realidad existe la carrera de payasología, y que hay individuos que obtienen una licenciatura en esa especialidad.
No lo sabíamos entonces, pero él nos aseguraba que había una Universidad de Payasología en alguna parte del país.
Más adelante en mi carrera de periodista me encontré con Campanino, Arañita y Botones, todos ellos miembros prominentes de otra benemérita organización denominada Artistas Unicos de la Risa y la Comedia, Asociación Civil (UUADRYAC).
«Campanino-, le dije un día bromeando a quien aspira ser el líder de los tundemáquinas de Reynosa. Nomás espero que no te lleves al Botones y a la Araña a los eventos de periodistas».
Me miró seriamente y me contestó: «Mira, Pegaso, lo que pasa es que la raza participa muy poco. Pero no te preocupes que haré todo lo posible para que me acompañen periodistas en lugar de payasitos». Y terminó con una sonora carcajada.
Pero bueno, yo en mi calidad de expresidente me he permitido sugerirle algunos nombres para que los incluya en su mesa directiva. Van:
-Secretario: Juan Carlos «Chivito» Rodríguez.
-Tesorera: Norma «Campanita» Sánchez.
-Secretario de Desorganización: Jesús «Chuchín» Rivera.
-Secretario de Prensa y Confusión: Víctor «Cepillín» González.
-Secretario de Actas y Desacuerdos: Arturo «La Cebollita» Román.
-Secretario de Asuntos Sin Importancia: Juan Monserrat «El Brody» Castillo.
-Secretario del Conflictos: Gilberto «Gilito» Galindo.
Y los que quiera agregar.
Finalizo con el refrán estilo Pegaso: «Me encuentro en un diálogo con el propietario de la empresa cirsense, no así con los artistas de la comedia». (Estoy hablando con el dueño del circo, no con los payasos).


