AL VUELO-Resort

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Por Pegaso

Ahora que andaba yo volando allá, por el rumbo de la plaza principal Hidalgo, aterricé frente a la presidencia municipal y subí las escalinatas para hacer acto de presencia en la Sala de Cabildo, porque se iba a llevar a cabo la Sesión número 92.

Entré, me acomodé y me dispuse a escuchar las propuestas y sesudos comentarios de los regidores, nuestros representantes ante ese órgano colegiado.

No pasó mucho tiempo antes de que el regidor panista Ariel Longoria manifestara su extrañeza de por qué se hicieron dos sesiones seguiditas sin un tema en particular.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue una de las propuestas que hizo el regidor perredista, Oscar Díaz Salazar.

Oscarín propuso que se aprovechen los abundantes cuerpos de agua que hay en Reynosa para la recreación de sus habitantes.

Citó el caso de la laguna La Escondida, la cual, a pesar de que tiene ya varios años de haberse saneado, no hay un aprovechamiento de la misma, más que para que la gente se tome la selfie y presumir con sus cuates que estuvieron en los Everglades de Florida.

Según el edil, se pueden usar las límpidas aguas de la laguna para paseos en lancha o construir un muelle para embarcaderos.

Dijo que no se explica por qué continúa ese cuerpo lagunar sin aprovecharse recreativa o turísticamente, pero otra regidora, Tere Cantú, contestó que se trata sólo de trabas burocráticas por las autoridades que se encargan de reglamentar las áreas protegidas.

Considerando lo dicho ad supra, me permitiré sugerir al regidor Oscar algunas brillantes sugerencias para que la laguna luzca como un verdadero megaresort y sea un área de solaz y esparcimiento para Reynosa:

En primer lugar, propongo que se contrate a unos cuantos gondoleros de Venecia para que vengan a cantar: «La donna e movile, cual piuma al vento» a todas las damiselas que se suban a las pícaras pero románticas góndolas. En caso de que no sea posible, optar por uno o dos trajineras de Xochimilco para que les canten alguna canción de Chico Ché o Rigo Tovar.

Propongo que se siembren pececillos dorados japoneses para que hagan las delicias del público conocedor de Reynosa. No recomiendo cocodrilos porque alguien se puede caer de la trajinera, con resultados poco agradables. (Recuerdo que hace algunos años se habló que los gringos habían echado cocodrilos al río Bravo para evitar que los indocumentados cruzaran hacia su territorio, pero creo que los migrantes se los comieron, o los saurios salieron huyendo. El resultado hubiera sido igual si a los güeros se les ocurriera aventar pirañas).

Los únicos cocodrilos que quedan en el río son los vagos que se van a echar su churro entre la maleza.

Por último, propongo que se traigan inversiones de primer mundo, con modernos edificios y hoteles de gran turismo, con algún casino de juego que promueve nuestro buen amigo Patricio Mora, mejor conocido como Patrick Blackberry.

En fin, tantas y tantas cosas que se pueden hacer en la laguna, pero ojo, mucho ojo, lo que no se puede es nadar, porque se puede uno encontrar con algún submarino.
Va el ferán estilo Pegaso: «Es escaso el valor que se asigna a la actividad onírica». (Soñar no cuesta nada).

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