Por Pegaso
Andaba yo volando allá, por el rumbo del boulevard Miguel Hidalgo, donde se realizaba una reunión del candidato Balta con maestros de Reynosa, evento al cual asistieron también varios diputados federales encabezados por el Coordinador del Grupo Parlamentario del PRI, César Camacho Quiroz.
El legislador, un tipo chaparrín que apenas pasa el metro con sesenta, cachetoncito y morenito, mantuvo a los profes absortos durante casi diez minutos con una pieza de oratoria extraordinaria.
Empezó diciendo que él es hijo de una maestra, y con ésto se los echó a la bolsa.
Camacho Quiroz, quien ha escalado importantes posiciones políticas en el ámbito nacional, demostró ayer por la tarde cuán grande es el poder de la retórica.
Un sujeto por el que no das un veinte si lo ves en la calle hablando y convenciendo con la palabra a un público tan difícil como los maestros.
Tal situación me indujo a tratar de indagar en qué consiste éste arte que nos puede llevar-literalmente- a ser los dueños del mundo.
La Retórica, según las definiciones doctas, es el conjunto de reglas o principios que se refieren al arte de hablar o escribir de forma elegante y con corrección con el fin de deleitar, conmover o persuadir, o bien, es la disciplina que estudia la forma y las propiedades de un discurso.
También es el arte de convencer, aunque para ello se utilice el engaño o las mitades a medias.
Se utiliza mucho en la política, en elo ámbito empresarial o en el aspecto motivacional.
Ayer también fui testigo de la plática que daba un «couching» en el gimnasio del círculo de la UMAN.
Decía, palabras más, palabras menos, que hay quienes buscan salirse de su zona de confort para alcanzar el éxito, pero que él recomienda permanecer dentro de esa zona de confort y sólo salir de ella cuando algo nos cause algún problema o incomodidad.
Claro que él lo dijo con palabras más llegadoras, pero la cuestión es que la gente que lo escuchaba le prestaba atención y se dejaba llevar por sus palabras.
Con la retórica se pueden hacer maravillas. Un buen retórico tiene el poder de hacer que los otros hagan lo que él quiere, como si fuese hipnotismo.
Basta recordar los ejemplos históricos de Adolfo Hitler y Benito Mussolinni para saber que ésto es verdad.
Hace uno o dos años ocurrió un suceso que quedó grabado en mi mente. Una revista del corazón publicaba una entrevista con una hermosa joven que decía que quería entregar su virginidad al cantante Joan Sebastian.
El viejo libidinoso ya se atufaba los bigotes y se le hacía agua la boca, cuando intervino el padre de la muchacha y evitó esa locura.
La retórica puede venir en forma de versos o de canciones. Joan Sebastian es sólo un ejemplo de artistas que ejercen una gran fascinación entre las féminas, aunque estén más feos que un sanitario de escuela pública.
Feos con suerte, se les llama, pero la verdad es que dominan la retórica, tienen labia.
Otros feos que atraían a las mujeres como la miel a las moscas eran Cornelio Reyna y Ramón Ayala, por citar ejemplos cercanos.
La retórica es un arma.
Gracias a la retórica ocurren los grandes cambios sociales en México y en el mundo entero.
Ya en la antigüedad los griegos sabían de su poder. Sócrates, un gran retórico, puso los cimientos de la civilización occidental. Platón y Aristóteles implantaron las ideas que después se afinarían con la llegada de los escolásticos, tales como San Agustín y Tomás Moro.
La Escolástica fue un movimiento filosófico que intentó utilizar la razón, en particular la filosofía de Aristóteles para comprender el contenido sobrenatural de la revelación cristiana.
Estudiar la Retórica, o ser un retórico nato, garantiza al individuo un futuro prometedor y un nivel de vida envidiable.
Con la retórica los demás hacen lo que uno quiere, porque se trata precisamente de convencer.
No me cabe la menor duda de que la retórica juega un papel de primer orden en las campañas políticas que estamos viviendo en Tamaulipas.
Ojo, mucho ojo. Cuando escuchen a un retórico intenten no caer en la fascinación que provocan sus palabras, las cuales suelen cancelar nuestra capacidad de pensar clara y lúcidamente.
Vámonos pues con el refrán estilo Pegaso: «Ingiero una porción de músculo lingual envuelta en una oblea que se elabora a base de maíz nixtamalizado, en forma circular». (De lengua me como un taco).


