Si te llevo en la mente y te siento en la piel, aclaramos, que igual disfrutamos de la pasión naranja pero hoy no nos referimos al equipo de futbol Correcaminos que se identifica con esas estrofas.
El tema es la que es de Tamaulipas la flor consentida, a la que se le canta con el corazón, porque todos los que hemos reído, llorado, amado, sufrido y gozado en esta hermosa tierra no nos queda más que agradecer cada momento que nos ha prestado su espacio, que nos ha dejado contemplar su cielo, pisar su suelo y respirar su aire.
Se goza el caminar por sus calles, contemplar la avenida Francisco I. Madero, la más hermosa de Tamaulipas, Victoria es para recordar momentos de tranquilidad, hasta escuchar las urracas al caer la tarde le da ese toque de ciudad en paz, con sus colores, olores, y sabores, esa es la Ciudad Victoria que quiero, la de mi memoria, y ojalá que nunca se vaya a borrar.
Hoy hasta las urracas se han mudado de la avenida 17, su estruendoso canto a cambiado de dirección, y las luminarias, testigos mudas del acontecer, siguen ahí aunque ocultas entre el ramaje de la arboleda que mira, escucha y calla.
De vez en cuando, la Capital hasta parece llorar cuando ve sufrir a uno de sus hijos de nacimiento o por adopción, se guarda su dolor, sonríe, y sigue su curso, hasta la primavera que espera para que su verdor le diga que esta viva para ser cómplice de las historias de amor de esta bella ciudad.
Los nacidos en esta Victoria la quieren porque están enraizados en ella, los avecindados en este bello pedazo de tierra, igual desde hace muchos años han aprendido a amarla, respetarla y hasta protegerla de quienes quieren señalarla, marcarla sin detenerse a conocer su historia, su bondad y su grandeza.
Verdad es que Ciudad Victoria, con todo y sus tragos amargos, es única, es el corazón de Tamaulipas, parte del suelo bendito de DIOS llamado México y mal haríamos si le reclamáramos a este espacio del universo por acontecimientos de los cuales ella no es culpable.
Querida Victoria, como no te voy a querer si corrí tus calles, jugué bajo la lluvia, conocí embravecido el San Marcos, platique con tu luna, le cante a tus estrellas, me llene de ilusiones, estudie en tu universidad, me enamoré, nació lo más hermoso que la vida me ha regalado, por eso y mucho más… como no te voy a querer.
Cierto, con tristeza vemos que ya no eres la misma, que tu cuerpo muestras cicatrices, que tu alma esta cautiva, tu esencia a veces perdida.
Vemos que de tu hermosura poco a poco va quedando en el recuerdo, que tus hijos ya no son libres de correr tus calles y disfrutar tus noches, por eso, de pronto, la rabia, la impotencia, se apodera de quien no puede hacer nada para sentirte serena.
Mi querida Victoria, como no te voy a querer, si me duele tu llanto, me estremece tu desencanto porque soy parte de ti como tú eres parte de mí.
Segura estoy que un día volveremos a reír juntas, a soñar bajo tu cielo limpio, sin nubes de maldad, que tu sol brillara con alegría para calentar las ilusiones de tu gente, y con los años vividos con tranquilidad envejecemos llenas de satisfacciones, escuchando el murmullo de las aves y de la algarabía juvenil de su gente, risas de alegría y hasta, quizá, la confesión de un amor perdido… Por eso, como no te voy a querer, si te llevo en el alma y te siento en la piel.
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