DE PORQUÉ PUEDE SER PELIGROSO EN EXTREMO MANIFESTARSE ESTE 9 DE MARZO

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Y DE PORQUÉ, SIN EMBARGO, ES FUNDAMENTAL Y MUY NECESARIO.

Por Mario Ramos

Dejaré el morbo para el último, vayamos primero con porqué es necesario un paro y una marcha o caminata:

Las instituciones del estado son débiles, y el personal que las opera suele ser machista hasta la médula —el mexicano/a promedio así es—, y aunque la gente se desvive comentando que el cambio debe comenzar desde casa, es justo ahí, en el hogar, donde se germina este mal que nos carcome: la actitud machista.

Una ausencia laboral por parte de más de la mitad de los contribuyentes (las mujeres) es una sacudida de hombros al gobierno, ya que hablamos de perder más de la mitad de eso que mantiene bien aceitado sus engranajes: el dinero de los impuestos.

Por tanto, un paro laboral resulta obvio, y fundamental, si de llamar la atención a la 4T se trata. Acaso la manera más pacífica de exigir mejores instituciones de protección no sólo para la mujer, sino para todos.

¿Estrategia feminista? No, esto tiene sus raíces en la desobediencia civil de Gandhi. Y ejemplo debería ser también para la población en general copiar este acto (un paro laboral que sacuda al gobierno hasta sus cimientos) si de exigir hacer valer nuestros derechos se trata. Pero el macho, una vez más, no es un lastre: “aguántese como los machos” decimos entre nosotros y terminamos por aceptar los abusos del estado.

Además, no está mal darle un escarmiento al típico individuo que habita los hogares de nuestro México. Ese que tiene la entrada de su casa repleta de “botes” de cerveza y que espera a que su pareja los recoja, ese que no quiere lavar los trastes ni doblar la ropa porque no lo considera propio de su género sexual. Sí, que falten ellas para que él aprenda a valorarlas.

Vayamos, pues, AHORA CON EL PELIGRO:

No debe perderse de vista la convulsión política que vive nuestro país. Tenemos como oposición a uno de los enemigos más astutos y viles del pueblo raso mexicano. La oligarquía (los más ricos y poderosos de siempre), han demostrado a lo largo de la historia ser maestros en el arte de arrojar la piedra y esconder la mano.

Todo lo quieren igual (de ahí su nombre “conservadores”): que los pobres sigan siendo pobres y que los privilegios sean sólo de ellos. Y no están más heridos hoy de lo que están coléricos, furiosos.

Para mantenerse en el poder, o volver a este, son capaces de infiltrar las más nobles causas y desprestigiarlas desde dentro con actos porriles, con encapuchados y actos vandálicos.

Es de alarmar que en los medios de comunicación (muchos de los cuales son propiedad de la oligarquía) comiencen a comparar la magnitud de la futura marcha con la del movimiento estudiantil del 68; como preparándose para reportar una tragedia similar y culpar a la actual administración.

Ya lo digo: maestros en el arte de tirar la piedra y esconder la mano; hipócritas, si se les quiere etiquetar.

Es natural que desde la oposición surjan este tipo de planes —aunque no por natural deje ser perverso—, y por eso mi columna no es un llamado a que las féminas se guarden en sus hogares, sino una invitación a exigir las más altas medidas de seguridad para la salvaguarda de las manifestantes, no únicamente ese día, sino de ahora en adelante.