El CISEN nunca funcionó; Carrillo Olea y el huevo de la serpiente

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INDICADOR POLITICO

Por Carlos Ramírez

Cinco de los doce directores que tuvo el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) en el ciclo priista -prianista (1988-2018) publicaron un breve libro para criticar la no-política de seguridad nacional del periodo de la 4ªT y obviamente concluyeron que las cosas estarían mejor si se regresara a la época en que estuvieron peor.

El CISEN nació por decisión del secretario de Gobernación de 1985, Manuel Bartlett Díaz, para borrar las pistas que probaban que los nacientes cárteles del narcotráfico estaban siento protegidos por la Dirección Federal de Seguridad de su dependencia en el Caso del agente de la DEA Enrique Camarena; la DFS había funcionado de 1947 a 1982 como policía política anticomunista del régimen del PRI.

Bartlett desapareció del mapa a la DFS y llamó a su amigo y compañero de Facultad de Derecho Pedro Ramírez Vázquez –entonces gobernador de Oaxaca– para que creara la Dirección de Investigación y Seguridad Nacional; De la Madrid, en el contexto de su Plan Nacional de Desarrollo que por primera vez involucró el tema de la seguridad nacional la transformó en Centro con funcionamiento autónomo. Y Carlos Salinas de Gortari lo adscribió a la presidencia a través nada menos que del superasesor Joseph-Marie Córdoba Montoya.

Estos datos, como es obvio y que deben ser razonados con sentido estratégico, no aparecen en el libro de los cinco exdirectores del CISEN, y las razones están más que a la vista: todos ellos fueron responsables del fracaso primero en la definición de un verdadero concepto de seguridad nacional del Estado y segundo porque carecieron de experiencia en el tema y al final de cuentas convirtieron al CISEN en un organismo de espionaje interno con carácter político. En los hechos, tres fracasos se deben acreditar a los directores del CISEN –entre ellos los cinco salidos de las catacumbas del pasado–: el auge del narcotráfico como problema de seguridad nacional, la falta de un enfoque de Estado en la seguridad nacional para vincularse a Estados Unidos y todos ellos se sometieron a los dictados de Washington y al gobierno salinista le falló el CISEN en el alzamiento zapatista del 1 de enero de 1994. Y le tocó al CISEN panista postrarse ante EU en materia de seguridad nacional.

Pero hay que registrar un dato prioritario: al general Jorge Carrillo Olea –presentado con homenajes y reconocimientos en el libro– le correspondió el tránsito de la seguridad nacional de Dirección General en gobernación al Centro con autonomía relativa, y de premio el presidente Carlos Salinas de Gortari lo eligió por dedazo gobernador de Morelos.

Y ahí duró poco: de 1994 a 1998 por razones que tienen que ver con la seguridad policíaca estatal en el escenario de la seguridad pública: los jefes judiciales de Morelos en la gubernatura de Carrillo Olea controlaban a las bandas de secuestradores y se probó fehacientemente que los mandos de los cárteles del narco en aquel entonces –amado Carrillo y Juan José El Azul Esparragoza– vivían a la vista de todos en Cuernavaca, el primero de ellos en una residencia a unos metros de la casa oficial del gobernador Carrillo.

Dos masivas protestas ciudadanas en las calles terminaron por decidir al presidente Zedillo y echar a Carrillo Olea de la gubernatura, y en 1997 el periódico The New York Times reveló las vinculaciones del mandatario estatal con el narcotráfico.

Ahora, en la presentación del libro que lleva como pomposo subtítulo “reflexiones y propuestas desde la experiencia”, fue Carrillo Olea el más duramente crítico el indefendible por inexistente sistema de seguridad nacional de la 4ªT, aunque los coautores Alejandro Alegre Rabiela, Eduardo Medina Mora Icaza, Jorge Tello Peón (sucesor de Carrillo Olea y continuador de ese modelo de seguridad nacional inexistente) y Guillermo Valdés Castellanos también se vieron contaminados por la falta de la más mínima autocrítica, y, eso sí, se lanzan propuesta teóricas, quizá con la secreta esperanza de que pudieran ser llamados a asesorar al Centro Nacional de inteligencia que sustituyó al CISEN y que fue adscrito a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Quedó subrayada la ironía fuera de lugar del general Carrillo Olea al calificar al actual gabinete de seguridad nacional “como redacción de periódico de tercera”, pero deben darse a conocer los resultados de su gestión solo en dos años que fue director, de un kínder, 1989-1989, aunque su estilo que nada tenía que ver con la seguridad nacional y su pupilo Jorge Tello Peón, director el Centro de 1994 a 1999, hoy es por cierto encargado de enseñarle a los estudiantes del ITAM lo que debe ser la seguridad nacional que le tocó acumular puros fracasos.

Quizá los alumnos del ITAM deberán realizar un seminario especial para evaluar de manera crítica los resultados del funcionamiento del CISEN en 1989 a 2018 y descubrir que el fracaso en el ciclo cuatroteísta no es menor al del periodo PRI-PRIAN.

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Política para dummies: la política se mide por los fracasos, no por los éxitos.

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