Debe de ser muy difícil ser congruente, la clase política como en el Medievo pretende crear parcelas de poder fomentando la burguesía y la lucha de clases, demostrando que el poder feudal no ha desaparecido de la faz de la tierra.
Sus afanes distan mucho del bien común, sus ambiciones son tantas que acaparan posiciones aún cuando el currículo no demuestra fehacientemente las posibilidades mínimas de ejercer el cargo con cuando menos responsabilidad.
No tiene la culpa la señora ama de casa nombrada Secretaria de Educación, la culpa la tiene quien extiende el nombramiento agobiada por presiones.
La culpa es también del diputado federal acaparador que basándose en meritos de campaña, no encuentra en el firmamento profesional mejor elemento para cobrar en la nómina que su esposa.
Largo debe ser el expediente con las cualidades encontradas, aunque sí se reclama el que no se haga público, para cuando menos tener elementos de soporte que le permita al ciudadano común la posibilidad de intuir que cuando menos el esfuerzo hará en tan distinguida posición.
Claro está que muchos agradecen que si haya habido cambios, antes las recomendaciones recaían en las concubinas o amantes en turno, ahora se extienden a los sólidos lazos familiares que provocan urticaria en la región occipital.
Si bien es cierto que ningún nonato es responsable del lugar donde llega al mundo y que la condición de ciudadano mexicano con derechos y obligaciones se adquiere simplemente por la nacionalidad del padre o la madre, la sociedad agradecería que cuando menos durante el encargo que obtuvieron por voluntad popular vivieran en el mismo territorio donde les favoreció el voto.
Este reclamo es para todos los partidos, no solo para alguno en particular y es aquí donde el gobernado pierde la confianza, cuando el representante popular o el funcionario de primer nivel, no tiene la vergüenza necesaria para compartir la noche con los ciudadanos en la tierra que le da la oportunidad de vivir bien.
El trabajo de investigación del periodista Juan Carlos Hernández para demostrar con documentos e imágenes la residencia oficial en el extranjero del Diputado Federal Carlos García González, no tiene desperdicio, pues con documentos oficiales manifiesta con certeza la realidad inocultable.
Si sus negocios o su limpio crédito le dan la oportunidad de tener una casa de casi 7 millones de pesos en Brownsville es irrelevante aunque tenga que pagar por concepto de predial casi 200 mil pesos anualmente, lo que la sociedad no entiende es porque no vive de este lado de la frontera cuando menos mientras le dura el encargo.
Poco amor se demuestra a la tierra y mucha incongruencia, el que tanto él como la Secretaria de Educación, pernocten en el «Cameron County», alejados de los juegos pirotécnicos a los que nos acostumbramos quienes no tenemos la fortuna de ser conocidos como EL DIPUTADO DEL CONDADO.


