Capitulo IV
Sólo quería ignorar todo lo que sentía en ese momento, así que subí rápidamente las escaleras para protegerme en la oscuridad de mi santuario. Entré en mi habitación y me oculté en el rincón más oscuro que encontré.
Mi sorpresa creció aún más cuando ante mis pies, apareció una catana de aspecto sencillo, pero de un filo impresionante.
¿Qué era lo que estaba pasando? Quisiera haberlo sabido en ese preciso momento, pero sólo desenvainé la espada para enlistarme y batallar con aquel demonio que tanta incertidumbre había provocado en mí.
La puerta salió volando por un viento helado y poderoso que emanaba de ese espectro infernal con finta angelical.
Profanó mi santuario alzando sus manos en señal de superioridad; realmente no sé por qué lo hizo de esa manera, pero con eso, sólo acabó por encolerizarme más y ya no era por miedo, sino por defensa, así que apreté la espada y corrí hacia ella para hacer lo que nunca antes me había pasado por la mente, y es que quería cortarle de un tajo esa hermosa cabeza… y lo hice, y puedo asegurar que… disfruté hacerlo… La cabeza rodó hasta tocar las puntas de mis pies… pero después se hizo polvo…
Su cuerpo sólo se desvaneció ante la satisfacción de haber obtenido la victoria…
De pronto, mi vista se comenzó a nublar y ya no pude ver absolutamente nada, así que, cerré los ojos con la esperanza de recobrar mi vista de nueva cuenta, pero cuando volví a abrir los ojos, las sorpresas aún no cesaban, y es que… sólo estaba despertando de un mal sueño…
Me levanté y me dirigí hacia la ventana pensando que el escepticismo de un científico, ha quedado cuestionado ante la imaginación y la somnolencia…
Fin….


