El poeta del trágico destino

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NOCTURNO A ROSARIO

IV

Comprendo que tus besos

Jamás han de ser míos,

Comprendo que en tus ojos

No me he de ver jamás,

Y te amo y en mis locos

Y ardientes desvaríos,

Bendigo tus desdenes,

Adoro tus desvíos,

Y en vez de amarte menos,

Te quiero mucho más.

 

    Hace algunos años me regalaron un libro de Manuel Acuña, realmente demasiado antiguo, ya que las hojas están totalmente deterioradas y lo conservo con un aroma repleto de magnificencia y de extensos años de sabiduría.

Desde que leí la primer página de este libro, que honestamente desconozco el nombre, ya que no tiene pasta, me sentí enteramente identificado con Acuña en algunos aspectos de la poesía y de la realidad.

La mayor parte de sus poemas, están escritos en total abundancia de romanticismo como la introducción que usé para éste artículo, pero su ingenio filosófico, también lo ha prestigiado como un pensador de primera línea. Por ejemplo, la composición “Ante un cadáver”, que le ha dado fama de gran maestro. Pero lo que a mí, en lo personal me gusta más, es ese comienzo de “La ramera”, porque es ahí donde está el filósofo, un filósofo versificador, rotundo y atrevido, original y fuerte:

“Humanidad pigmea,

Tú que proclamas la verdad y el cristo,

Mintiendo caridad en cada idea…”

   Son estos tres mis poemas favoritos de Manuel Acuña, “Nocturno a Rosario”, “Ante un cadáver” y “La ramera”.

Sin duda alguna un genio de la literatura y lo que me pregunto es, ¿qué hubiera pasado si este poeta hubiese vivido más años? Y es que su trágico destino llegó en la ciudad de México el 6 de Diciembre de 1873, cuando a sus 22 años, bebió cianuro por una decepción amorosa.

   Realmente es difícil comprender a Acuña si en éste mundo no se ha sufrido lo suficiente en el amor y en la realidad de un mundo completamente ajeno a su verdadera realidad.

 

 

HOJAS SECAS

XII

“Te amo –dijiste- y jamás a otro hombre

Le entregaré mi amor y mi albedrío.”

Y al quererme llamar buscaste un nombre

Y el nombre que dijiste no era el mío.

 

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