AL VUELO-Baldes

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Por Pegaso
FABULAS DE HISOPO

Inspirado en un cuento de un libro que no recuerdo, de un autor que tampoco recuerdo.

Un campesino que sembraba maíz en una pequeña ranchería del norte del país acostumbraba ir muy de mañana hasta el pozo de agua que se localizaba sobre el camino principal.

Para ello cargaba en los hombros un trozo de madera amoldado del cual colgaban dos baldes mediante unas cuerdas amarradas a las asas.

Uno de los baldes estaba viejo, abollado y corroído por el óxido, de tal forma que dejaba escapar un chorro de agua, en tanto que el balde nuevo estaba reluciente y brillaba con el sol.

-Mira-decía el balde nuevo-, cómo el sol refleja sus rayos en mi superficie. Yo, que soy nuevo en este oficio de acarrear agua, llego a casa con una mayor cantidad de agua y tú, pobre cacharro, vas regando el líquido a lo largo del camino. ¡Qué lástima me das!

Le contesta el balde viejo:

-Sí, efectivamente. Mi pobre aspecto no se puede comparar con tu belleza, ni con la cantidad de agua que transportas, pero, ¿no te haz fijado que de mi lado del camino las plantas siempre están verdes y las flores tienen brillantes colores? Eso, amigo mío, se debe al agua que yo generosamente les proporciono todos los días.

Moraleja: Aún los baldes viejos tienen mucho que dar.

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