FRANKENSTEIN DIGITAL

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Por Ernesto Parga Limón

Creo que la inmensa mayoría de las personas ha escuchado al menos alguna referencia sobre la novela de Mary Shelley, Frankenstein, y tiene noticia de que va la trama, al menos en sus generalidades, (un científico que crea en un laboratorio a un hombre con partes de cadáveres que finalmente se le rebela). Creo, sin embargo, que pocos conocen el completo y verdadero titulo de esta novela gótica: Frankenstein o el moderno Prometeo.

Frankenstein no es el hombre monstruo creado sino, el científico creador; Víctor Frankenstein que desobedeciendo la ley divina se inmiscuye en la exclusiva tarea de Dios. Una reedición de mito prometeico que nos recuerda la osadía del hombre que pretende ser Dios. En Frankenstein la creatura se vuelve sobre su creador, en el mito griego, Prometeo es castigado por Zeus, (por entregar a los hombres el dominio del fuego sin autorización), a ser devorado en sus entrañas por un águila. Prometeo es inmortal así que se recupera cada día para ser eternamente devorado por el águila. La osadía siempre tiene un castigo, puede entenderse claramente la moraleja.

En un reciente libro salido a luz en 2020, “La fábrica de cretinos digitales” de Michel Desmurget neuro-científico francés de primer orden, se nos advierte del grave peligro derivado del uso indiscriminado de la vida online, algo que el mismo autor llama… la “orgía digital”.

Pero vayamos por partes, quizás nos asombre la dureza del término cretino que utiliza el Dr. Desmurget. Veamos, La RAE nos indica en su primera acepción que cretino es un adjetivo en medicina que designa el que padece cretinismo; para explicar luego que esta es una enfermedad caracterizada por un peculiar retraso de la inteligencia.

Así las cosas, podemos colegir sin problemas que para Desmurget, el exceso de tiempo frente a las pantallas navegando produce una disminución de la inteligencia en los niños y jóvenes.

En una aseveración, francamente perturbadora, Desmurget asegura como fruto de su labor investigadora de años, que esta es la primera generación en la historia, la de los nativos digitales, que tiene un coeficiente intelectual menor al de sus padres.

Agregando nos dice. “Las pantallas corroen los tres pilares básicos del desarrollo del usuario: la interacción humana, el lenguaje y la capacidad de concentración». Cuanto más tiempo pasen niños y adolescentes con móviles y ordenadores, menos participarán de la vida familiar. Al mismo tiempo, los padres, también usuarios habituales del mundo online, están menos accesibles para sus hijos. Y científicos y expertos están de acuerdo en que la convivencia entre humanos es básica para el desarrollo”

Con toda justicia Desmurget entiende a los niños y a los jóvenes como víctimas del descuido de sus padres, que tantas veces estamos también inmersos en la orgía digital:

“Lo que les hacemos a nuestros hijos es imperdonable. Nunca en la historia de la humanidad se había llevado a cabo un experimento de descerebración de tal envergadura”, afirma Michel Desmurget

Quizás somos un nuevo Frankenstein o un Prometeo renacido, que desafía la manera de entender al hombre e intenta al margen de lo humano encontrar la felicidad; solo apoyado en el túnel multicolor de lo digital, mundo de imágenes incesantes, sin personas de carne y hueso que confronten al usuario y lo convoquen a levantar la vista de su pantalla para atender a la suprema realidad de la persona que tiene frente así.

La primera generación que sufre disminución de inteligencia: ¿Será este el castigo moderno para la antigua y persistente rebeldía del hombre? que alaba hoy al becerro de oro, dios falso de la hiper conectividad

Paradoja de paradojas, de no hacer nada, de seguir así dejándonos llevar por la corriente en lugar del poder de la información y del conocimiento que nos prometió el imperio digital, tendremos subsecuentes generaciones disminuidas en su inteligencia, y más saber e información tendrán aquellos que se alejen más de la esclavitud de la dictadura digital.

Aun es tan reciente este problema en la vida del hombre, que sorprende que aun sin terminar la orgía, ya se asoman las consecuencias negativas, tal como la punta de un iceberg esconde y anuncia a la vez el volumen enorme de su realidad.

Con seguridad la mejor lección en este tema no viene de Desmurget, que exige control y prudencia en la dosificación e inmersión de todos en la vida digital, sino de la segunda acepción el término cretino que nos ofrece la RAE.

Cretino: estúpido, necio.