Alejandro de Anda
LO CLARO. La Universidad Autónoma de Tamaulipas impulsa investigación aplicada en tecnologías de drones y sistemas inteligentes orientados al monitoreo agrícola de grandes extensiones, mediante soluciones que permiten la detección temprana de plagas, el análisis del estado de los cultivos y la evaluación del suelo con mayor precisión y eficiencia.
Este desarrollo fortalece prácticas productivas más sustentables, reduce costos y riesgos para el sector agropecuario y contribuye a la seguridad alimentaria regional.
Al mismo tiempo, la institución beneficia directamente a sus estudiantes al integrarlos en proyectos científicos de alto nivel, potenciando su formación tecnológica, su capacidad de innovación y su vinculación con problemáticas reales, lo que eleva su competitividad profesional y el impacto social del conocimiento generado.
LO OSCURO. La política mexicana siempre fingió elegancia. Usó corbata para ocultar colmillos, protocolo para disimular miedo y discursos técnicos para esconder ambición. En ese escenario apareció Irma Serrano y arruinó la escenografía.
Mientras el Senado se asumía como templo de solemnidad, Irma lo trató como lo que siempre fue… como un coliseo. Subió a tribuna con voz de actriz trágica, mirada fija y una certeza peligrosa para el sistema. El poder se ejerce, se exhibe y se intimida.
Cuando Porfirio Muñoz Ledo le gritó “mentirosa”, ella respondió con lo que ningún manual de parlamentarismo contempla, una advertencia corporal. (sic) “Termino el discurso o bajo a partirte la madre”. El Senado en estado puro, sin maquillaje.
Desde entonces se fingen escándalos nuevos. Se rasgan vestiduras cada sexenio. Se habla de degradación del debate público. Se simula sorpresa ante el grito, el insulto, la amenaza. Hipocresía pura. Irma Serrano jamás degradó nada, simplemente dejó ver el fondo.
Su paso por la vida política estuvo lleno de escenas incómodas. Presidentes de mesa rebasados. Sesiones suspendidas. Senadores que preferían el silencio antes que confrontar a una mujer que entendía la intimidación como lenguaje político. Se decía que portaba arma. Importaba poco su veracidad… nadie se atrevía a comprobarlo. En política, la percepción gobierna mejor que la verdad.
Irma convirtió la tribuna en teatro. Mientras los técnicos pedían tiempo, ella imponía presencia. Entendió algo que la clase política sigue sin aceptar. El poder también se ejerce desde el espectáculo.
Décadas después, el país finge asombro ante insultos presidenciales, ante legisladores que gritan, ante debates convertidos en ring. Como si aquello fuera una desviación reciente. Como si el “cállese” no hubiera marcado época. Como si los empujones en parlamentos del mundo resultaran anomalías. La política siempre fue confrontación. Es confrontación.
Irma Serrano nunca simuló urbanidad. Nunca pidió permiso. Nunca buscó agradar al establishment. Llegó a incomodar, a provocar, a dejar registro. Por eso sigue viva en la memoria colectiva mientras tantos próceres de expediente limpio desaparecieron en el archivo muerto.
Hoy el Congreso grita, insulta y amenaza, pero sin conciencia de sí mismo. Irma al menos sabía lo que hacía. Jugaba un papel con plena lucidez. Su error, si alguno existió, fue adelantarse demasiado a su tiempo.
En política (igual que en el teatro) quien entiende el escenario domina la obra. Irma Serrano lo entendió todo desde el primer acto.
COLOFÓN: Hacen falta de nuevo verdaderos histriones en el Coliseo. Hoy son remedos de ‘brincos dieras’.


