Por Ernesto Parga
“La democracia consiste en poner bajo control al poder político”
Karl Popper
La ultima semana hemos asistido, estupefactos, al desarrollo de las elecciones en EUA, al filo de la butaca como espectadores de la mejor novela de suspenso. Con una puesta en escena cargada de elementos que hizo que necesariamente estuviéramos pendientes de su trama.
Nos guste o no, EUA es un país hegemónico no solo en lo económico, también en lo político y en lo cultural, su influencia, repito, nos guste o no, se hace presente en muchos aspectos de nuestra vida, en la manera como vemos, entendemos o mal entendemos la realidad que nos circunda. Por lo tanto, en estas elecciones no solo estaba en juego la presidencia de este país, la conformación de sus cámaras, algunas gubernaturas, también se preguntó a la ciudadanía a través de referendos, por ejemplo, sobre el consumo legal de la marihuana, además, y esto es aún más relevante, estaban en el centro del debate un montón de posiciones ideológicas sobre temas muy variados: el aborto, la migración, el cambio climático, las energías limpias, la supremacía y el racismo.
Así que este llamado super martes nos ha dejado, si queremos entenderlo, lecciones muy diversas.
A los estadounidenses, sin duda, los llevará a preguntarse sobre la viabilidad, la representatividad y la justicia de su sistema electoral que puede permitir la victoria a un candidato a pesar de no obtener la mayoría de los sufragios de sus ciudadanos; tal fue el caso de Trump en las elecciones del 2016.
Y al mundo entero, cuestionarnos sobre las entrañas de la democracia misma, que tan frágil ha resultado en un mundo lleno de información falsa, frente a los embates de los políticos populistas que buscan a cualquier precio escalar en sus ambiciones de poder.
Es muy difícil de entender como más de 70 millones de personas le refrendaron su confianza a Trump a pesar de la desastrosa gestión en su mandato. Uno se pregunta, obtener el voto faltando a la verdad, enfrentando a sus ciudadanos, generando un clima de odio. ¿Es esto realmente expresión de la democracia o su artera manipulación?
A mi parecer, se jugaba en esta elección una cuestión de mucho más calado para la democracia tal y como la hemos estado viviendo. La opción populista fue puesta a prueba. La ratificación de Trump para un segundo mandato hubiera significado un acicate a otros tantos políticos, de esos que últimamente proliferan, que ven en esta vía de acción política la manera más eficiente de acceder al poder, mintiendo, denostando, repartiendo culpas y dividiendo a sus ciudadanos.
El resultado, al menos en EUA, es alentador porque demuestra, o así lo espero, que no es suficiente para ganar con la descalificación sistemática en el uso de los medios, o la destrucción de la obra de los antecesores, que es necesario proponer y construir en el presente. El resultado parece que le abre la
puerta de salida, también, a la majadería, a la burla sobre los adversarios y a la imposición burda, incluso de manera física, sobre el interlocutor (recordemos los groseros apretones de mano a Macron y a Trudeau, o el empujón al mandatario de Montenegro).
Es de desearse que sigamos encaminando directamente a la salida de la escena política a los charlatanes del odio y la falacia, que utilizan todo cuanto pueden a su favor como mero afán electorero, así sea la figura de Cristo o la defensa de la vida, el negacionismo o la minimización del COVID o la recurrencia a una falsa historia reconstruida en el presente para su propio servicio y beneficio, nada escapa a su ambición política por más sagrado o profano que esto sea.
La democracia es el sistema político opuesto a la monarquía que divinizaba, como en la Roma antigua, a sus césares y posteriormente a los reyes del absolutismo como encarnaciones de la voluntad divina. Hoy los populistas de marras, seudo demócratas, son casi divinizados por la plebe engañada que se pliega obediente a los mandatos de su líder, reencarnación de todos los héroes, supremo y único defensor de los valores y la ética nacional.
Los peores enemigos de los autócratas populistas son: la verdad, por eso la falsean, y la ley, por eso se ponen por encima de ella.
Así las cosas… cada uno desde su lugar habrá, responsablemente, de preguntarse:
¿Cómo evito ser manipulado por las falsas noticias y por la melodía de los encantadores de la política? ¿Qué debe hacer el estado para limitar el creciente uso de la violencia verbal y la falsedad en las campañas? ¿Cuál es la posición que, frente a este fenómeno pernicioso, deben tomar los centros de formación y las universidades en su compromiso con la información y la veracidad? y ¿Cuál es la acción civil, al margen de los partidos, que nos convoca a todos?
En la medida de que estas preguntas encuentren respuestas satisfactorias, la democracia caminará para volver a demostrar que, aun imperfecta, es la expresión más autentica de soberanía del pueblo frente al autoritarismo. Pues a decir de Winston Churchill:
“La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás”



