La Quina, último reducto caciquil

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1.- Con la muerte de Joaquín “La Quina” Hernández Galicia, se cierra un capítulo de la historia del poder, no sólo de Tamaulipas, sino de México. Último reducto de la clase caciquil, cuya reciedumbre inconmensurable trastocó las entrañas del presidencialismo, lo que le costó, la pérdida del liderazgo que había ejercido desde 1956 hasta la mañana del 10 de enero de 1889 en que fue apresado y confinado en una celda, para pagar delitos que no cometió.

Hernández Galicia no era un ángel, quizá merecía los 35 años de pena que le fueron imputados, pero el “quinazo”, como se conoce a la operación de su captura, practicada en la calle San Luis en Cd. Madero donde tiene su casa, fue repudiada por muchos, particularmente por los residentes de la zona sur de Tamaulipas, porque para ejecutarla le fueron sembradas armas y hasta un cadáver, lo cual convirtió en víctima al sempiterno líder petrolero y a Carlos Salinas en su verdugo.

Quizá lo que más molestó a los observadores de aquel tiempo, es que el sistema político mexicano que fue cómplice en los excesos de Hernández Galicia, ahora le inventara acciones, con un claro sentido político y no en un estricto ejercicio de justicia y es que en diferentes épocas, a la Quina le adjudicaron delitos graves, que tuvieron que ver con la desaparición del escenario político de sus adversarios, entre ellos Vicente el Güero Kehoe y Oscar Torres Pancardo.

2.- El poder de la Quina era tanto, que él “palomeaba” a los candidatos a alcaldes de Tampico, Madero e incluso Altamira, donde compartía poder con la CTM, con figuras nacionales como Leonardo “La Güera” Rodríguez Alcaine del SUTERM (Sindicato Único de Trabajadores de Electricistas de la República Mexicana) y el propio Fidel Velázquez; también decidía las diputaciones locales de Reynosa y la zona conurbada, igual las federales de la misma zona.

Cuando a don Joaquín le sorprendió el amanecer del 10 de enero de 1989, el STPRM tenía cinco diputados federales, uno de ellos Alfredo Aldana encabezaría el movimiento de protesta con la Quina en la Cárcel y se convertiría en alcalde de Madero donde perdió el PRI por primera vez la Presidencia Municipal y la retendrían durante cuatro trienios consecutivos, dos de ellos en manos de los hijos del líder, Juan y Joaquín Hernández Correa, el otro alcalde fue Jorge Mario Sosa Phol.

Era tal su poder, que intervenía en la vida de la UAT, en el Instituto Tecnológico de Cd. Madero, donde su voz hizo caer a rectores y apuntaló a otros, igual a directores del plantel de la urbe petrolera, ni se diga en la dirección del Campus Universitario.

Si algo bueno se puede decir de Hernández Galicia, es que fue un líder protector de la familia; intervenía en los conflictos de separación marital, hacía que le descontaran al trabajador lo necesario (sin juicio de por medio) para el sostenimiento de la mujer y sus hijos.

Protegía a los ancianos, a los que incluso dotaba de viviendas, realizó obras sociales, principalmente de pavimentación; la Sección 1 del STPRM, promovió el desarrollo urbano del municipio. Aquí en Cd. Victoria, contribuyó a la construcción del albergue de padres del Hospital Infantil.

A la Quina le sucedió Sebastián Guzmán Cabrea y en 1989 llegó Carlos Romero Deschamps, quien permanece hasta ahora al frente del STPRM.

3.- La Quina cavó su tumba política cuando la ambición de poder lo llevó a querer estar por encima de las decisiones del sistema político mexicano imperante en ese momento; quiso hacer ganar a Tinita Icaza de Contreras (jugó por el PRI) en Reynosa y la operación gubernamental fue a favor del candidato del PARM, Ernesto Gómez Lira; tampoco pudo hacer candidato al “Meme” Manuel Garza González, con méritos y capacidades, pero le fue nefasta la sombra del líder petrolero.

La última de don Joaquín fue, oponerse a la candidatura de Carlos Salinas de Gortari a quien dijo públicamente “Usted, no era el candidato de los petroleros, pero el sindicato lo apoyará”, pero no fue así, el “Poder Negro”, como se le llamó al petrolero, apoyó a Cuauhtémoc Cárdenas en la elección presidencial de 1988 y al año siguiente La Quina estaba en una celda.

Larga y anecdótica es la vida pública de don Joaquín Hernández Galicia, que forma parte de la historia de Tamaulipas, para el que hoy sólo podemos formular deseos por su descanso eterno.

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