Lealtad a conveniencia…

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La naturaleza humana es compleja, más la de los políticos, lo triste es que en  esta parafernalia los sentimientos se confunden, los buenos se vuelven malos, los malos en peores,  las convicciones desaparecen y hasta las lealtades se ofertan de acuerdo a las conveniencias, tanto que hasta pareciera que el ser humano se esta quedando sin alma.

Aunque la lealtad es una virtud que pertenece a una esfera elevada del ser humano donde se gestan los valores morales y éticos, en que cada persona tiene un grado de respeto a sus orígenes, sus compromisos, su amor, la amistad o hacia si mismo tal parece que éstos atributos poco a poco se van quedando en el camino y los políticos o aquellos que están acostumbrados a vivir de los presupuestos terminan por desconocer la grandeza  que el ser leal.

En tiempos políticos es cuando realmente se conoce a las personas porque  es más fácil que salga a relucir el escaso valor moral de muchas  de ellas, el atributo que genera un grado de conciencia y comunica con el alma llamado, lealtad, toma matices inexplicables.

Los santos se convierten en demonios, y es cuando  aparecen los judas que son capaces de vender al amigo por unas cuantas monedas, porque las conveniencias están a la orden del día.

Los abuelos aseguran que la lealtad tiene que ver con lo interno del ser humano, no con aquello que es impuesto por normas, porque es una conducta moral que pone de manifiesto la calidad humana  y ésta  no necesita ninguna presión para actuar conforme a su ética y dignidad.

La filosofía dice que la lealtad es una obligación de fidelidad que un sujeto o ciudadano debe a su estado, gobernante, comunidad o si mismo, también podríamos agregar que la lealtad es algo que se vive desde la familia, la pareja y amigos, que es lo que hace grande a un ser humano.

En este mundo hostil, cada vez es más común ver que el peso del poder aplasta cimientos éticos, que el brillo del dinero opaca  reflejos de lealtad,  que la maldad de la conveniencia acaba con la bondad de las conciencias y eso realmente es lamentable porque para cuando nos demos cuenta estaremos viviendo como autómatas sin sentimientos, no nos dolerá el dolor ajeno, tendremos amigos leales solo cuando estemos en la gloria pero éstos desaparecerán apenas se caiga en desgracia y tampoco le dolerá a nadie nuestro dolor.

Todo eso viene a colación, porque en tiempos electorales es cuando queda de manifiesto que la lealtad es una virtud que tiene a desaparecer, que muchos personajes solo son leales a sus carteras, a sus conveniencias pero no a las promesas que le hacen al pueblo.

Por esa razón  la ciudadanía tiene que tener los ojos muy abiertos y el día de la elección actuar con la razón y el corazón, darle su voto de confianza aquel candidato que le inspire confianza no por el que el amigo o el vecino le indique.

Los ciudadanos tenemos que tener lealtad con nosotros mismos, con el futuro de nuestras familias, con la tranquilidad de nuestro entorno, con la seguridad de una vida digna no con las promesas de personajes que quizá después de llegar a la gloria jamás regresen a nuestra colonia.

 

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