MI SANTUARIO

0
326

DE CULTURA Y MÁS…

Por Alejandro Capistrán

   Hace mucho tiempo escribía acerca de un lugar donde la paz, la inspiración y el confort para escribir se hacían presentes a diario. Un lugar que debía respetar sobremanera porque ahí descubrí que podía redactar con cierta pulcritud, que podía leer tanto como yo quisiera y que podía escribir mi prosa con tal libertad que ni yo mismo me podía otorgar, porque sólo así podía hacerme escuchar, escribiendo, y es que los que nos decimos escritores, somos conscientes de un mundo con el que no estamos conformes por la realidad con la que se nos presenta y buscamos la manera de crear, de ser o de reinventar el universo si fuese necesario.

En aquel santuario, como yo le llamaba, solamente me hacía feliz tener una cama, un escritorio, papel y un bolígrafo para plasmar mis ideas, mis pensamientos, sentimientos y emociones; a veces durante el día, por las noches e incluso mientras dormía mi mente siempre estaba trabajando, creando un sinfín de historias. Pero después de mucho tiempo, descubrí o, mejor dicho, comprendí que mi santuario no era ese lugar donde yo sólo era un muerto tratando de hacer respetar su tumba.

Mi santuario eres tú, amor mío, siempre has sido tú, la mujer de quien he estado enamorado durante tantos años, la madre de mis hijas. Tú, la mujer que me ha sabido amar, tanto como yo la he amado a través del tiempo, la mujer por quien siempre he tratado de ser una mejor persona, quien me ha inspirado para escribir desde que fuimos juntos al bachillerato.

Te convertiste en mi santuario el día que me miraste a los ojos sin que supieras quién era aquel ingenuo admirador y aunque muchas veces te lo he dicho, desde aquel momento que te tuve frente a mí, supe que serías la mujer de mi vida, porque en ningún otro lugar pude haber encontrado tanta hermosura y nobleza en una sola persona. Desde ese momento prometí que mi corazón sería tuyo y así lo he cumplido desde entonces. Debo decirte que en realidad eres lo que siempre he deseado, es más, eres mucho más de lo que en verdad merezco.

Tú eres mi santuario, y es que es verdad que todo en mi vida adquiere cierto sentido al abrir mis ojos por las mañanas y ver que estás junto a mí, podría decirte que el brillo en tus ojos es como un milagro que me atraviesa el alma y me llena de luz y esperanza.

Tú, la mujer de mis sueños, has vuelto realidad cada uno de mis anhelos y me has dado tanto amor que no cabe siquiera dentro de mi pecho.

Tú, con quien he compartido mi vida desde hace mucho tiempo, has dedicado tus días a amarme y a darme una infinidad de razones para despertar con ganas de gritarle al mundo entero lo mucho que te amo como cuando éramos más jóvenes.

Jamás pasó por mi cabeza que estaríamos juntos tanto tiempo y menos haber formado una hermosa familia, y es que tú mejor que nadie me conoces, sabes quién soy y lo que pensaba en ese tiempo, creía que el amor no sería para mí de ninguna forma. Sin embargo, desde que llegaste a mi vida, cambiaste todo lo que un día creí y me enseñaste que todo es mucho más bello cuando hay amor de por medio.

Por eso eres mi santuario y sólo pido que tu amor no me falte jamás, pues no existe otra razón para mi felicidad que el tener tus besos, tus caricias y escucharte decirme que me amas antes de dormir.

Siempre quise ser correspondido por una mujer maravillosa como lo eres tú, con quien pudiera compartir mis sueños, anhelos y metas para juntos ver que se cumplan. Y entonces apareciste tú, siendo una hermosa jovencita, que, con sólo una mirada, terminaste robándote mi corazón, ese que ha sido tuyo desde entonces y que lo será hasta el final de mi existencia.