Cuando la noche cae sobre la realidad, comienzo a vivir la más grande y hermosa de todas las fantasías que antes imaginé. Y veo la luna y soy capaz de enamorarme más de lo que estoy ahora; veo las estrellas y soy capaz de sentir más cosas, más sentimientos de los que ya tengo consciencia.
También siento la inmensurable necesidad de vivir bajo el manto oscuro de la noche y pretender que soy el único espíritu vivo en éste mundo; siento una gran ansiedad de soñar para no morir en vano, pues es lo único que sé hacer, soñar y nunca despertar.
Estoy agradecido con la vida por darme la oportunidad de vivir, pero la muerte me ha seducido hasta el punto en que yo me he enamorado de ella; y ahora quiero vivir sólo para ella.
Vida mía, aunque no lo creas, me duele dejarte y no querer hacer nada para evitarlo, pero ya no puedo seguir con esto, ya no puedo ni debo besarte mustiamente, no debo acariciarte fríamente; tú me has dado todo lo que pudiste darme, tu amor, tu alegría, tu risa, pero nada de eso me pertenece; sí, estuve enamorado de ti, y como nadie te ha querido, siempre te querré, pues fuiste mi primer amor, el amor de mi vida, mi verdadero amor.
El amor en verdad es doloroso, pero más doloroso es descubrir que no amas al amor de tu vida como creíste amarla, pues tan sediento yo estaba de cariño, que vi un espejismo donde el oasis del amor me aguardaba impacientemente; gracias por amarme tanto, amor mío; pero no soy merecedor del verdadero sentimiento, no merezco ser amado en ésta realidad.
Perdóname por ser así, pero hay algo en mí que me dice, que yo a ti no te merezco, pues tú mereces a alguien que sí valore todo el cariño que tengas para dar, pues yo soy… tan sólo un ingrato seducido por la satisfacción emocional que tanto anhelaba, y sinceramente, te pido perdón por ser yo, por ser un pobre diablo; te pido perdón por añorar mis noches de soledad, mis noches de amor.
No obstante, siempre extrañaré las noches donde nuestro idilio era apasionadamente correspondido por nuestros corazones ilusionados.
¡Ah! Noches de soledad, ésta es una de ellas, pero en este instante, sólo eres mi más hermoso y el más sagrado recuerdo; ésta noche eres mi musa, mi única fuente de inspiración, mi Penélope, mi Perséfone.
Ésta noche te escribo esperando no dejes de ser mi ninfa, pues te seguiré recordando como la persona que me enseñó a amar.
Hasta pronto, amor mío; te prometo que en otra vida donde yo no sea poeta, estaré a tu lado para toda la eternidad…
Descanse en paz nuestro amor…
Alejandro Capistrán


