Relación tormentosa…

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Hay relaciones que alimentan el alma, otras el ego, muchas que son satisfactorias y sanas pero definitivamente las más deseadas son las tormentosas, las que sabes que hacen deño, son las que mueres por ellas.

Cuando se tiene una relación tormentosa no te interesa que el mundo se entere, la gente se vuelve descarada y no le importa el lugar, igual le da en la recamara, en el auto, la cocina, la sala y hasta las oficinas se convierten en cómplices para satisfacerse, cumplir sus deseos y caprichos.

Pero cuando las cosas aumentan de intensidad, y el rostro delata, cuando empieza a ocupar un lugarcito la cordura es cuando se trata de disimular y hasta se jura se terminará de tajo con la pasión insana.

Reconozco, ante ti, no tengo voluntad, te deseo en la mañana, tarde y noche, de mil maneras quiero tenerte, aunque ya después de satisfacer mis antojos llegue el remordimiento, la culpa que dura hasta que te veo nuevamente y, una vez más, caiga en tentación.

No puedo negarlo, entre tú y yo hay una relación tormentosa, lo peor del caso es que en mi casa ya se percataron de eso, mis hijos me preguntaron si te veía a escondidas o qué era lo que estaba pasando porque ven que he cambiado, que ya no soy la misma, hasta me advirtieron que vigilaran mis pasos.

Que puedo hacer si disfruto tenerte, si para mi tu eres el mayor placer de la vida, a cualquier hora quiero tenerte, las formas no importan, si, aunque una y mil veces diga que no volveré a estar contigo dejarte no lo consigo.

Hasta la maldita televisión me recuerda que le das sabor a mi vida, y la verdad es que me encanta tenerte, a veces eres un dulce, otras tu amargura me desespera, la sal de tu cuerpo te hace especial, bueno, hasta esa actitud agria despierta mis sentidos, todo de ti me enloquece.

Apenas te recuerdo corro a buscarte, ayer una amiga me pidió que tratara de dejarte poco a poco, porque como dice el comercial, todo en exceso hace daño, que suprima mis antojos, que no sea golosa porque tu presencia ya me hace daño, y es verdad, comienzas hacer estragos en mi vida, lo peor es que lo sé, lo siento y aun así te sigo queriendo.

Además me dijeron que ya no estoy en edad para hacer cosas de chiquilla, que tengo que tener cordura, cuidarme de las malas lenguas, las miradas acusadoras que me dicen que me has marcado tanto que hasta mi persona se ha descuidado, mi cuerpo abultado y mi voluntad ante ti se han minado.

Definitivamente lo más deseado y rico es lo que más hace daño, tú me encantas, disfruto los momentos contigo, lo más grave es que, aunque sienta que debo alejarme, no paró hasta satisfacerme, llenarme de ti, tenerte a placer y dejarte para mí es un castigo.

Lo confieso, entre la comida y yo hay una relación tormentosa, soy fan de los antojitos mexicanos, las golosinas me encantan, la chatarra, que sé que no es buena y hace daño, la disfruto viendo televisión, en la oficina, en el coche, hasta en los momentos que estamos frente a la computadora, nunca falta algo que comer, el doctor dice que ya debo dejar esos vicios que no traen nada bueno, que no solo dañan la apariencia sino también la salud.

La verdad es que cuidar los hábitos alimenticios es fundamental pero la mayoría de los mexicanos tenemos una mala dieta, comemos lo que se nos antoja y cuando se nos antoja, dejamos para después las recomendaciones médicas, o lo que te grite el espejo, y eso no es recomendable, las relaciones tormentosas con la comida a deshoras, saturadas de grasas, azúcar y sal, son muy ricas sí, pero dañinas.

Las estadísticas por muertes provocadas por enfermedades asociadas al azúcar y grasas son altas en nuestro país, debemos de hacer conciencia, educar a nuestros hijos a comer sanamente, es difícil porque siempre tenemos una relación tormentosa con tal o cual alimento, lo malo es que damos el consejo y nos quedamos sin él porque es difícil cortar con todo aquello que te gusta, o nunca se te olvida degustar.

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