SÓLO USTED SEÑOR SECRETARIO
El Kalusha hermoso perro labrador negro, perdón, de color, ha tomado la decisión de abandonar la política, por la simple y sencilla razón de que ésta le ha resultado una práctica alejada de la lógica, ya que la democracia hace a un lado con contundencia, el principio aquel en desuso, de que el más fuerte es el que manda.
La medida tiene que ver con dos factores externos, uno la intoxicación que sufrió su amado partido, el Verde Ecologista, ya que de ecologista ha perdido todo y de verde a sostenido la esencia, y dos, la intromisión en su territorio de esa perra escandalosa que llegó a su vida en la etapa metálica, es decir, cuando ya tenía plata en las barbas, hierro en las patas y plomo en el sistema reproductor.
Existen cosas que no son fáciles de asimilar, tener que dejar el cuidado de la casa a una inexperta jovenzuela lo agobia, lo preocupa, lo humilla.
Y es que con sus casi 12 años de edad, que representan 84 de los humanos, la dificultad para levantar la pata trasera derecha, lo obliga a mojar solo las raíces de los arboles, esos mismos que vio crecer y que siempre supuso que sus humedades provocaban la inmensidad de la sombra que crecía.
Ilusiones falsas que el tiempo derrumba, porque sus ladridos ya no suenan tan sonoros como hace años, y por que los de La Canora, (así se llama la intrusa), taladran hasta las paredes traspasando la intimidad.
Habrá que ver si ella cumple la encomienda, el territorio es grande y rico, muchos frutos que cortar, que seguramente llamarán la atención de los predadores cercanos.
Pero aunque El Kalusha ya no ladre como antes, estará atento, para saber si La Canora cumple la encomienda, pues su conciencia le dice que la inexperiencia es letal, cuando de cuidar bienes se trata.
Sin duda modificará su rutina, pues ya se ha percatado de que el perro del vecino, voltea mucho para acá, y que ella, su perrita adorada, también voltea mucho para allá.
Él, que sí tiene experiencia, sabe que un macho joven y entero le puede comer el mandado.
Pero en fin, mientras su amante le pone los cuernos, él seguirá analizando historias humanas que lo hacen reír, como esa del novel funcionario con aires de grandeza.
……La amable recepcionista recibe la llamada después de un sólo timbrazo, del otro lado de la línea la voz impaciente del jefe que sin saludar espeta, «Ha llamado algún imbécil ?».
Y ella temblando de miedo con inocencia contesta; …No, !SÓLO USTED SEÑOR SECRETARIO¡

