YARRINGTON versus YARRINGTON

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OPTIMUS
Jorge Alberto Pérez González
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El Ringo ya maduró, así es aunque Usted no lo crea, el pariente de «Snoopy» ya no se porta mal, ya no corre como loco ni me lame la cara en forma desaforada, ahora se acerca con cautela, camina a mi lado y no se atraviesa a mi paso, tampoco trae a cada rato la pelota a mis pies y por si fuera poco tanta belleza, además, escucha con atención sin morderme los dedos.

Ahora si lo traen de visita, pues él ya aprendió a hacer sus micciones en el lugar indicado, aunque eso sí, nunca aprendió a levantar la pata, tal vez porque dentro de casa es difícil encontrar un árbol.

Si, es cierto, resulta curioso ver como sigue doblando sus corvas para efectuar su necesidad fisiológica, volteando siempre para ver si alguien lo ve, pues sabe que la educación tiene premio.

Su croqueta está siempre lista para premiar su memoria, así que no hay duda al respecto, cada vez que cumple con el ritual, alguien deberá cumplir con su premio.

Ya aprendió también a tener paciencia, así que cuando hay costillas al asador, se sienta de medio lado justo frente a la parrilla, lo suficientemente alejado para no sufrir calor, pero con la esperanza cifrada en alcanzar un hueso.

Hace días le pregunté que donde había aprendido eso y sin dudarlo dos veces me contestó de inmediato: «De los políticos al inicio de sexenio».
Su respuesta me hizo pensar y mucho, no solo en la razón que le asiste, sino también en la inminencia de los tiempos electorales, pues apenas 3 meses después de que los diputados federales recién electos asuman, ya estarán nominándose los nuevos puestos de elección en Tamaulipas.

Esto avizora tormenta, no es para menos, por primera vez los elegidos tendrán la posibilidad de reelegirse y esto, dice el perro, es bueno, pues pocos pasarán el tamiz de su gestión.

Así es, solo los buenos administradores responsables vislumbraran esa posibilidad y solo los diputados locales que mantengan permanente presencia en sus distritos, podrán aspirar a esa posibilidad remota de la reelección.

Yo no sé si creerle, pero dice mi perro que el poder enferma a muchos y esa enfermedad se demuestra cuando los políticos comienzan a dar bandazos para pretender influir hasta en los partidos opositores.

La verdad no está en la ideología política, pues ésta sucumbe ante la ambición y la avaricia, pero además, escatima apoyos y encumbra parásitos, pues la compra de conciencias se da por todos lados, esto que me dice el sabio can no es nuevo.

Desde tiempos inmemoriales las traiciones se dan, unas con póker abierto y otras tan soterradas, que solo los perros iniciados en política de alta escuela logran ver.

La debacle comienza cuando se cierran espacios, cuando las nuevas generaciones no encuentran manera de expresarse y cuando se aferran al presupuesto, aquellos que han encontrado la manera de batear a diestra y siniestra.

Dice el can que en materia de sucesión no hemos visto nada, pues ahora, hasta por los enemigos se vota cuando no se percibe el origen, no sé si creerle o no, pero me dice que está sembrado el cultivo, para obtener una contienda amañada, al estilo de Kahwagi denominada: YARRINGTON versus YARRINGTON.

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