INDICADOR POLITICO
Por Carlos Ramírez
Si alguna prueba faltaba para entender que estamos frente a un modelo binario de poder –la administración pública en Palacio Nacional y el control político en el Palacio de Invierno de Palenque–, lo ocurrido en el pasado Congreso Nacional de Morena puede dar la explicación del fracaso de la iniciativa de reforma electoral.
Los análisis de poder nada tienen que ver con sentimientos. Palenque excluyó al Palacio Nacional de las negociaciones políticas, pero con el dato revelador de que empujaron a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a presentar una intencionada iniciativa fracasada o en busca del fracaso que como efecto colateral estaría demostrando que el poder político está en otro lado y que el 2027 y el 2030 no pasarán por el despacho principal del Zócalo de la Ciudad de México.
El presidente emérito López Obrador tiene el control político de Morena y sus espacios para las elecciones legislativas, de gobernador y de presidente de la República, y solo estaría utilizando la firma de la presidenta para iniciativas derrotadas de antemano. Por eso la presidenta Sheinbaum dejó ya muy en claro que la reforma electoral ni le va ni le viene y que todas las quejas y besos del diablo de aspirantes tendrán que hacer peregrinaciones a Palenque, Chiapas.
La frase reiterada de “yo ya cumplí” y el reconocimiento a que mandaron a la presidenta a poner su cara de what por una reforma electoral que se está cocinando en otros escenarios no constitucionales y que el fracaso de la iniciativa presentada con retraso por Palacio Nacional se debió a que ella sí cumplió pero –y esta es una interpretación política– el Palacio de Invierno de Palenque no cumplió, no se preocupó por negociar con el Partido Verde y el Partido del Trabajo, tampoco le dio margen de maniobra a la presidenta para hacer un intento y ahora se supo ya que la iniciativa nació muerta porque estaba podrida en su esencia y el papel de la presidenta de la República tuvo que asumir un desgaste innecesario a su investidura y sólo por cumplir con los compromisos de subordinación.
El problema, sin embargo, no termina en estas fricciones innecesarias pero indispensables entre la presidenta en funciones y el presidente emérito, porque la primera carece de facultades político-partidistas, de autorizaciones, de voluntades para influir en equilibrios políticos que de muchas maneras fortalecen o debilitan su proyecto presidencial al margen de las votaciones legislativas, y el segundo no parece preocupado por controlar los daños en el la credibilidad presidencial al ordenar la presentación de la propuesta de reforma electoral que hizo la dupla López Obrador-Pablo Gómez Álvarez que estaba muerta de antemano.
En la víspera del Congreso Nacional de Morena se filtraron versiones de que Andy López Beltrán pasaría a un sendero más local en Tabasco y que la dirigente Luisa María Alcalde Luján dejaría esa posición, pero en el entendido de que Andy y Alcalde son posiciones prioritarias del presidente emérito, y que la versión de que llegaría al partido del gobierno y del Estado Citlalli Hernández habría de mostrar posición de mando de la presidenta en funciones.
Pero no, vino el diablo y todo lo descompuso. Andy se quedó como ineficaz secretario de Organización de Morena para la campaña legislativa y de gobernadores de 2017 y Alcalde de Luján será el pivote directo del Palacio de Invierno de Palenque para manejar las supuestas encuestas de candidaturas.
Por eso cuando menos en tres o cuatro ocasiones y ante evidencias ostentosas de que el Verde y Del Trabajo no iban a votar por la iniciativa electoral oficial y con indicios de que nadie de Palenque los buscó negociaciones para cuando menos administrar su negativa, la presidenta Sheinbaum repitió su argumento de “yo ya cumplí” y dejó entrever que el brazo legislativo y partidista de Palenque están decidiendo por encima, por abajo y por los lados de la creatividad y fortaleza menguada de la presidenta de la República en funciones. Los tibios intentos de Palacio Nacional de tratar de convencer a Gómez Álvarez de que la iniciativa ordenada de Palenque no iba a pasar encontraron con ese estilo desdeñoso y autoritario de quien fue designado por la presidenta Sheinbaum Pardo como presidente de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, y hoy se sabe que el apellido presidencial no tenía que ver con Palacio Nacional sino con el Palacio de Invierno de Palenque.
Lo peor de todo es que de Palenque no salieron instrucciones o tibias sugerencias para controlar los daños a la autoridad presidencial porque a la vista de todos ha quedado muy claro su espacio limitado de maniobra burocrática de Palacio Nacional, en tanto que el proyecto político transexenal del lopezobradorismo sigue operándose sin interferencias ni intermediarios desde Palenque y continúa descansando en la figura de Andy López Beltrán con planes para el 2030.
Así que las aclaraciones sobre la reforma electoral se deben endosar a Palenque y no a Palacio Nacional.
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Política para dummies: la política es un poder absoluto e intransferible.
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