Las ciudades fronterizas de Reynosa y Matamoros se han convertido en el principal foco de atención para los miles de emigrantes que buscan fuentes de trabajo, tras la crisis de inseguridad y desempleo que se vive aquí desde hace varios años.
Se estima que entre 2010 y 2017 más de un tercio de la población se ha desplazado a otras ciudades, principalmente a estas urbes fronterizas.
En dichos términos se pronunció la delegación de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), al afirmar que la conjugación de ambos factores (la inseguridad y el desempleo) ha obligado a miles de familias a abandonar San Fernando.
De acuerdo a la organización obrera, la falta de obra pública y privada que dé empleo a los trabajadores de la construcción es solo una consecuencia de la caótica situación, ya que si no hay ingresos, tampoco hay inversión.
En voz de su dirigencia, la CTM opinó que desde 2010 a la fecha, la inmigración de familias hacia las ciudades de la frontera -incluso hacia los Estados Unidos- ha sido imparable y hasta justificable, frente a la ola de desempleo e inseguridad.
No hay obra pública ni privada, y la escasa inversión apenas alcanza para dar trabajo a una mínima parte de los obreros de la maltrecha organización, aglutinados por mera formalidad dentro de los sindicatos de la construcción.
Tampoco el gobierno estatal o municipal ha anunciado y mucho menos emprendido obras, lo que pudiera representar un aliciente o pretexto para los obraros para aferrarse a San Fernando en los meses o años inmediatos.
Port su parte, los anuncios de instalación de empresas en la localidad parece que se alejan de los planes inmediatos, y no han permeado en las necesidades de la gente, que sigue emigrando hacia otros destinos de manera imparable.
Para la organización obrera, los sindicatos de la construcción –sean albañiles, plomeros, carpinteros o electricistas– han quedado reducidos a nomenclaturas porque sus miembros se han ido buscar nuevos horizontes frente a la desolación que prevalece en San Fernando.
Agencias



