La angustia se refleja en el rostro de doña Marta Llanas al saber que la fecha de la ejecución de su hijo Ramiro, preso desde hace 14 años en una prisión de Huntsville, Texas, está programada para el 9 de abril; el dolor y la impotencia ya dejaron huella en sus ojos que a cada momento derraman llanto.
Los últimos 14 años de los 75 que tiene vividos, los ha pasado rogando a Dios y a quienes tienen en sus manos el poder de evitar la ejecución de su hijo que cuenta con 44 años, pero a cada momento el plazo se acorta y la angustia de doña Marta raya en la desesperación.
“Está en manos de Dios que no lo maten”, dice con aparente tranquilidad, mientras sus manos se aferran a una fotografía en la que aparece Ramiro a su lado y dos de sus hermanos, cuando la tragedia aún no oscurecía la numerosa familia integrada por 10 hermanos.
La última vez que lo vio, cuenta Marta, fue hace dos años. “Yo tengo documentos para cruzar, pero me ayudaron para visitarlo allá en la prisión, y ya no lo he visto”, expresa con voz pausada, y mientras contiene el llanto al recordar, de sus ojos brotan unas tímidas lágrimas.
Está enferma, dice que en ocasiones se desmaya y se despierta sola; tal vez por saber que su hijo morirá sin un juicio justo, y por no poder cruzar para verlo por última ocasión.
Pero los desmayos que sufre los heredó Ramiro, quien de acuerdo a Marta, desde los tres meses de edad los sufre. “Se ponía moradito…moradito… aventaba espuma por la boca y se desmayaba en la escuela “, explica al mencionar que por esa razón solo estudió hasta el tercer año en la primaria Praxedis Balboa.
Ramiro fue condenado a morir con la inyección letal en 1997, sentenciado por un juez del condado de Banderas, Texas, de haber asesinado a un ranchero de Kerville, Texas, para quien trabajaba.
Pese a ello, Marta alega la inocencia de su hijo, quien dice, desde niño sufrió varios golpes en la cabeza que le impiden llevar una vida normal, por lo que la abogada que lleva el caso, Sandra Babcock, quien representa a México en las cortes internacionales, ha presentado este impedimento como recurso para evitar la ejecución.
Sin embargo, a pesar de haber logrado que la Corte Internacional de Justicia haya considerado que el caso de Ramiro fuera sujeto a revisión por las irregularidades que presenta, entre ellas el haberle sido negado el derecho a la protección consular y el presunto retraso mental del acusado, la Corte de Texas le ha negado ese derecho.
En las manos de Dios
La entrevista con Marta fue al mediodía del miércoles 22 de enero en su humilde vivienda ubicada en la colonia Militar, a un lado del arroyo Las Alazanas, y el saber que el mexicano Edgar Tamayo Arias sería ejecutado este día de la misma forma en que lo harán con su hijo, le ocasiona un profundo dolor que le hace encomendarse a Dios.
“Si él está allá y yo aquí… ¿qué puedo hacer desde aquí? Solo Dios sabe de este sufrimiento…y lo dejo en manos de Dios”, menciona mientras sus arrugadas manos aprietan con fuerza el cuadro con la fotografía familiar en la que parece Ramiro.
No siente odio ni rencor por quienes serán los verdugos de su hijo. Por el contrario, dice que los perdona, y se encomienda de nueva cuenta a Dios.
“¿Quién más me puede ayudar si no es Dios?…confío en Dios y que quienes culpan a mi hijo que Dios los perdone porque no les deseo nada malo…”, expresa.
Avejentada por el sufrimiento y con un caminar que le ocasiona dolor, doña Marta se sienta en una vieja silla de metal. Viste un sencillo suéter color azul y unos pants rosas, debido a lo fresco de la mañana.
Le acompaña su hija Yolanda, y menciona uno a uno los nombres de sus hijos, aunque de ninguno recuerda la edad; Ramón, Vicenta, Ramiro, Yolanda, Oscar, Jorge, Marta, Adela, Mario y Nancy, y de todos solo Jorge tiene documentos para cruzar a Estados Unidos.
Recuerda que Ramiro siempre le ayudó en la recolección de cartón, zapatos y cosas que llevaban a las ladrilleras para utilizarlos como combustible, y de eso se mantenían, hasta que se le ocurrió cruzar el río Bravo y ser detenido por presuntamente asesinar al ranchero Glen Linch, lo que no ha sido aclarado plenamente.
“Por no haberte obedecido madre”
Desde hace dos años que la familia de Ramiro no lo visita, ya sea por falta de dinero o por no tener documentos para cruzar, tal vez por eso doña Marta tiene muy presentes las palabras de su hijo, cuando fue a visitarlo a la prisión.
“No vayas a sufrir madre, y si me culpan de esto es por no haberte obedecido ni a ti ni a mi padre, cuando me vine para acá, Por eso me encuentro aquí…”, son las últimas palabras que Ramiro cruzó con su madre hace 24 meses desde la antesala donde será ejecutado el 9 de abril.
Al recordar ese último encuentro con su hijo, Marta lamenta que no la haya escuchado, ya que siempre le dijo que no se fuera a Estados Unidos a trabajar, ya que en Nuevo Laredo había trabajo, pero no le hizo caso, y ahora la tragedia merodea su hogar.
Son 13 los mexicanos que esperan la pena de muerte en Texas; uno de ellos Edgar Tamayo, fue ejecutado ayer 22 de enero, a pesar de haber sido emitido el fallo ‘avena’ por la Corte Internacional de Justicia.
Ahora solo le queda esperar a Ramiro la muerte, o una milagrosa apelación que salve su vida, aunque no su prisión.
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