Inicio OPINIÓN 1.- TCL: ¿quiénes han sido los responsables del fracaso?

1.- TCL: ¿quiénes han sido los responsables del fracaso?

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INDICADOR POLITICO

Por Carlos Ramírez

El Tratado de Comercio Libre cumplirá 36 años al terminar el sexenio actual y le quedaría seis años más en la incertidumbre de quién vaya a ganar las elecciones presidenciales en 2030. Por lo tanto, todo corte de caja debe de comenzar a repartir responsabilidades en tono de culpa por no haber sabido aprovechar el desafío de la modernización mexicana a través del comercio exterior.

1.- En 36 años de vida, la responsabilidad del Tratado se reparte entre tres partes iguales: tres sexenios del PRI (Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León y Enrique Peña Nieto), dos sexenios del PAN (Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa) y dos sexenios de Morena (Andrés Manuel López obrador y Claudia Sheinbaum Pardo).

2.- El principal desafío del Tratado fue utilizar el comercio exterior como el detonador de un nuevo modelo de desarrollo industrial, agropecuario y de servicios, pero todos los gobiernos mexicanos se asentaron en la comodidad de que de manera sorpresiva el comercio exterior con Estados Unidos se multiplicó por diez.

3.- Pero el aumento en el comercio exterior careció de una nueva estructura productiva y por lo tanto los beneficios se quedaron en los exportadores: los salarios siguieron estancados, el 55% de la población económicamente activa continúa en la informalidad, la pobreza salarial disminuyó por aumentos que no formaron parte de un nuevo esquema de productividad, la marginación disminuyó por los programas de subsidios a los sectores que no participaban directamente del Tratado y se llegó el caso de Morena con la transferencia directa de dinero a las personas sin pasar por ningún programa de aprovechamiento de esos recursos como nueva demanda efectiva que impulsara la modernización productiva.

4.- Los gobiernos de los tres partidos carecieron de decisión para el replanteamiento del modelo mexicano de desarrollo. El PRI presentó programas espectaculares donde resolvían todos los problemas del mundo, pero ninguno logró –si es que alguna vez se buscó– un acuerdo con el sector empresarial para la modernización productiva; el PAN sólo le apostó a la estabilidad macroeconómica fondomonetarista y el Tratado quedó al garete; y Morena simplemente no entendió nada que no fuera consolidar votos cautivos, menos preocuparse por el desarrollo.

5.- El sector privado le apostó a la comodidad: aumentar las exportaciones y desde luego incrementar la acumulación de riqueza entre las empresas que se modernizaron poco y de manera aislada sólo para vender más a Estados Unidos, pero tampoco hicieron funcionar esa instancia que pomposamente se llamó “cuarto de al lado” como asesoría empresarial a los negociadores y supervisores del Tratado y sin ninguna tarea propia y siempre desdeñados por todos los burócratas que tuvieron la responsabilidad de cuando menos hacerse cargo del expediente del Tratado.

6.- Cuando se negoció el acuerdo, el equipo del presidente Carlos Salinas de Gortari tenía muy claro el objetivo de convertir el atractivo de mayor exportación a EU por disminución de aranceles como un factor de modernización de la planta productiva; pero a la larga, en los sexenios del PRI, el PAN y Morena nunca hubo preocupación por hacer un diagnóstico de la capacidad productiva para la exportación de empresas mexicanas. La famosa revolución industrial fue, en términos concretos, una tomadura de pelo de los gobiernos.

7.- El saldo está a la vista: el componente nacional en los productos de exportación no perecedera bajó de 60% a 40% y ello significó en términos muy concretos el cierre de empresas del área de la transformación, y los huecos se llenaron con productos extranjeros –básicamente de China– que la participación mexicana como un caballo de Troya para aumentar su producción hacia Estados Unidos. Miles y miles de empresas de la transformación desaparecieron del mapa y no fueron sustituidas.

10.- La burocracia alrededor del Tratado tampoco garantizó experiencia, visión estratégica y permanencia: Zedillo tuvo un secretario de Comercio, Fox utilizó tres y ninguno con experiencia en el tema, Calderón acumuló tres y también ajenos a estrategias de desarrollo industrial y comercio exterior, Peña mantuvo a uno pero su funcionamiento fue totalmente burocrático y sin ninguna capacidad de proyectar el Tratado hacia la modernización productiva, López Obrador convirtió el cargo en una posición política también lejana al conocimiento de la economía y el comercio exterior y Sheinbaum Pardo ha tenido sólo a Ebrard pero designado a esa posición como corcholata presidencial humillada por el dedazo presidencial.

El desafío –cuando menos en la demagogia discursiva de Salinas en la negociación del tratado de febrero de 1990 a diciembre de 1993– era utilizar el comercio exterior sin aranceles para detonar un nuevo modelo de desarrollo en México. Pero no: tenemos el mismo, acumulando deterioros hasta ahora en 36 años que terminan en 2030.

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Política para dummies: la política es el arte del decir pero no hacer.

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