Por Pegaso
Sentado en mi mullida nubecilla, leo con fruición un artículo en la revista Proceso firmado por Sabina Berman, férrea defensora de la diversidad sexual en el país.
El citado artículo se intitula: «El ano y el Arzobispo», donde critica, por supuesto, la postura del Arzobispo Primado de México, Norberto Rivera, en la última publicación del semanario católico «Desde la Fe».
Parafraseo lo que escribió Sabina Berman, sólo para ponernos en perspectiva: «El ano del hombre no está diseñado para recibir». (¿El de la mujer sí?).
«La frase es del arzobispo de México, Norberto Rivera y se incluye en el artículo que la semana pasada publicó en el semanario Desde la Fe. «El ano está diseñado sólo para expeler. Su membrana es delicada, se desgarra con facilidad y carece de protección contra agentes externos que pudieran infectarlo. El miembro que penetra el ano lo lastima severamente pudiendo causar sangrados e infecciones».
Hasta aquí la cita.
Parece ser, entonces, que el Arzobispo resultó ser toda una autoridad en materia de anos.
A nivel personal, ésta postura que asume la Iglesia Católica es de lo más hipócrita que puede haber, si tomamos en cuenta que los padrecitos están en la picota por su inveterada costumbre de divertirse con los monaguillos.
Recordemos aquella frase tomada del eslogan de Las Vegas que dice: «Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas», que después fue modificada por los propios curas para quedar como sigue: «Lo que pasa bajo la sotana se queda bajo la sotana».
¿Hay que decir más?
Bueno, parece ser que en la Iglesia todo tiene un doble simbolismo y una doble moral.
Por poner sólo un ejemplo: El anillo del Papa es una reliquia reconocida por los millones de feligreses de todo el mundo.
Quien se acerca al Papa tiene que cumplir el ritual de besarle el anillo, como una muestra de devoción y respeto.
Yo recuerdo un chistorete sobre ese tema que dice más o menos así:
Llegó el Obispo de la Diócesis a una de tantas parroquias de Reynosa. Todos los curas se congregaron para saludarlo, y para eso, hicieron una larga fila cerca del altar.
Iban pasando uno por uno y el jerarca les decía:
-Hermano Casiano, deme un beso en la mano.
Y el tal Casiano pasó al frente y tomó la mano del Obispo para plantarle el beso en la mano, donde estaba el anillo.
-Hermano Vicente, deme un beso en la frente.
El padre Vicente se acercó, tomó la frente del jerarca y le dio el requerido ósculo.
Y así, sucesivamente, iban pasando, y a cada uno le pedía el beso en rima con el nombre.
-Hermano Agapito, deme un beso en…, ¡Hermano Agapito, no se me esconda, hermano Agapito!
La palabra anillo y la palabra ano tienen una raíz común: Anus, que significa precisamente, anillo.
Cuando el sacerdote se inicia, se le entrega un anillo, el cual se le coloca en uno de los dedos, simbolizando una penetración.
E igual ocurre cuando en la boda religiosa la pareja se entrega los anillos, introduciéndolo uno en el dedo del otro o de la otra, según sea el caso.
El anillo del Papa incluso tiene nombre propio. Se le llama Anillo del Pescador o piscatorio, en latín, Anulum Piscatoris.
«Es un anillo usado por el obispo de Roma (el Papa) quien, como sucesor del apóstol San Pedro, se considera la cabeza visible de la Iglesia Católica. Su nombre se debe al antiguo oficio de pescador del apóstol San Pedro, cuyo sucesor es el Papa. Cada sumo pontífice porta un anillo hecho con los restos del usado por el anterior. En él se grabará un nuevo sello.
El anillo del Pescador tiene la imagen de San Pedro pescando en un bote, bordeado por el nombre del Papa que ocupa la sede en ese momento, en latín». (Wikipedia).
Sabina Berman es una escritora y periodista mexicana de origen judío-polaco, quien participó en la producción de la película «Entre Pancho Villa y una mujer desnuda» (1995); su artículo es un abierto reproche hacia la actitud que asume la Iglesia Católica en contra de las uniones gay, después de fracasar con otras campañas, como el mandato bíblico de la reproducción, como lo antinatural de la práctica sodómica, como la condena a la adopción, y muchos etcéteras.
El ano es, como lo dijo el Arzobispo Norberto Rivera, un orificio especializado en la expulsión de materia fecal y no está preparado para recibir cuerpos extraños.
Hay una anécdota muy vieja llamada «El grapetero».
Resulta que un trabajador petrolero con ciertas tendencias homosexuales fue atendido en el hospital porque se había introducido él solito en el recto una botella de refresco de la marca Grapette, ya desaparecida, cuya característica era su pequeño tamaño.
Lo tibio del orificio causó un efecto de succión y resultaba muy difícil extraer por sí mismo la botella, por tal razón tuvo que ser trasladado al nosocomio.
El «grapetero» se hizo famoso y aún hoy circulan versiones entre los más viejos trabajadores de la industria petrolera local.
Luego, entonces, el ano sí es un músculo muy delicado que puede desgarrarse con facilidad.
Sin embargo, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos garantiza el derecho de todo individuo a tener la preferencia sexual que desee, a acudir a la iglesia que quiera y a practicar el deporque que quiera, siempre y cuando no perjudique a terceros.
La acometida de la iglesia hará de los gays los próximos mártires.
Pronto los veremos -si los dejan-, establecer una nueva Inquisición que perseguirá a todos los homosexuales de México y a quienes defienden sus derechos.
Si no, pa´l baile vamos.
Terminamos con el refrán estilo Pegaso: «El individuo tiene la libertad innerente de transformar su persona física en un artefacto utilizado con fines lúdicos, consistente en una figura plana de material ligero al que se ata un cordel para que la fuerza del viento lo eleve». (Que cada quien haga de su cuerpo un papalote).


